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Una multitud estimada en siete mil personas que ocupó diez cuadras por la porteña avenida Rivadavia marchó ayer hasta Plaza de Mayo para exigir castigo a los responsables de la tragedia ocurrida en la confitería República Cromañón, que se incendió una semana antes y que no deja de sumar víctimas fatales. La manifestación transcurrió en su casi totalidad sin incidentes, salvo por un fallido intento de reeditar la violencia desatada tres días antes, otra vez por parte de un grupo reducido de jóvenes que arrojaron piedras contra la Policía cuando ya se había retirado el grueso de la convocatoria.
Al cumplirse una semana de la mayor tragedia causada por el hombre en la Argentina, la columna de manifestantes –la gran mayoría de ellos jóvenes– marchó como habían pedido los organizadores, sin banderas ni consignas partidarias, desde la Plaza Once, a metros del boliche incendiado. Desde allí, partieron hacia Plaza de Mayo, frente a la cual se encuentra la sede del gobierno porteño.
A las 21, cuando la cabeza de la marcha había pasado por el Congreso nacional, desde la Plaza Miserere, en Once, recién salían los últimos manifestantes. Los partidos políticos y las organizaciones humanitarias, de estudiantes y piqueteras que se adhirieron a la movilización respetaron esta vez los pedidos de los familiares para que se evite durante la marcha la exhibición de banderas o consignas partidarias.
Pero, con el antecedente de los incidentes ocurridos en la marcha del pasado lunes, la policía montó un fuerte operativo de seguridad con vallas en torno a la sede del gobierno porteño, que fue protegida por más de 200 agentes con el apoyo de varios camiones hidrantes y diez vehículos celulares.
Sólo cuando ya se había retirado la mayor parte de la concurrencia, un pequeño grupo de jóvenes arrojó botellas contra las fuerzas de seguridad apostadas frente a la Legislatura porteña, pero esta vez la provocación no alcanzó la virulencia del lunes pasado, aunque dejó detenidos y algunos heridos.
“Justicia para nuestros callejeros, Ibarra y Chabán la tienen que pagar”, decía la pancarta que había encabezado la manifestación en alusión al jefe de gobierno porteño y al detenido gerenciador de la disco siniestrada.
La multitud avanzó con rapidez, y la cabeza de la columna llegó a las 21.35 a la Plaza de Mayo, donde se detuvo frente a la sede del gobierno porteño para repudiar a Ibarra. En ese momento, también, varios de los asistentes echaron mano a la consigna “Que se vayan todos” que fue emblema durante la crisis institucional de 2001.
Las únicas pancartas visibles eran en reclamo de justicia o con las fotos de las víctimas del incendio. Y el cántico que rigió el encuentro fue, como tres días antes, “ni una bengala, ni el rock and roll, a nuestros pibes los mató la corrupción”.
La marcha fue convocada por familiares de las víctimas y seguidores del grupo de rock Callejeros, que había iniciado su recital en República Cromañón minutos antes de que se encendiera la bengala del desastre. También adhirieron partidos políticos minoritarios y agrupaciones humanitarias. Pero los convocantes habían advertido que si se producían hechos violentos –como ocurrió el lunes y se repitió ayer pasadas las 23– entonces se apartarían. “Ésta es una marcha pacífica, no queremos tener líos, y si los militantes generan incidentes nos sentaremos a un costado para diferenciarnos y mostrar nuestro repudio a quienes lo único que buscan es politizar nuestros reclamos”, enfatizó a primera hora Gabriel Migliazzo, uno de los organizadores. Pero la violencia se mostró de nuevo, aunque esta vez sus instigadores estaban solos.
La segunda marcha por justicia, así, transcurrió cuando el incendio acababa de sumar su víctima fatal número 188.
El padre del joven Mariano Benítez, una de las víctimas mortales, aclaró el ánimo de los familiares: “Pedimos justicia, no líos ni política”, dijo en contraposición con los duros cruces de acusaciones que se escucharon por los medios a raíz de la tragedia, un escenario que motivó al propio presidente Néstor Kirchner a cuestionar duramente a la “prensa amarilla” y a quienes –opinó– buscan réditos políticos a costa de las víctimas.
Con todo, los familiares prometieron no ceder en el reclamo de justicia. Y un grupo de ellos acordó ayer mismo realizar rondas todos los jueves a las 18 en Plaza Miserere, en el barrio porteño de Once, en forma análoga a la que instalaron las Madres de Plaza de Mayo para mantener la memoria sobre los desaparecidos durante la dictadura militar.
PARADOJAS DEL MERCADO
Efecto inesperado, o no tanto, lo cierto es que el disco compacto Rocanroles sin destino, del grupo Callejeros, trepó al noveno lugar de los más vendidos de la semana como consecuencia de la tragedia ocurrida hace ocho días en el boliche República Cromañón. Callejeros era el grupo que había comenzado su recital cuando se incendió la confitería, y esa circunstancia parece haber disparado su popularidad, aun entre personas que desconocían la existencia de esta banda que integra el universo del rock barrial. Rocanroles sin destino superó en las preferencias a Floricienta y los últimos trabajos de U2, Luis Miguel y Los Nocheros.
07 de enero de 2005 (El Ciudadano)
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