|
Sequía, inundaciones, desertificación y deshielos, las consecuencias. Argentina participará, junto a 183 países, de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se llevará a cabo en Copenhagüe, Dinamarca, y ya se da por sentado que se está en el final del acuerdo de Kyoto, antes que en su renovación, desde 2012.
Las naciones siguen teniendo diferencias en cuanto a las fuentes de financiación y a la transferencia de tecnología, con vistas al proceso de reducción de gases que se impone para no seguir deteriorando el medio ambiente.
El calentamiento global se ha acelerado desde el último reporte, lo cual no ha acelerado acuerdo alguno entre las grandes potencias, a la sazón las que más aportes realizan a la contaminación del planeta.
Las consecuencias de eventuales cambios climáticos son especialmente críticas en la Argentina, ya que actualmente nuestra economía se sustenta sobre sistemas agroproductivos, altamente sensibles al clima.
Según un reciente estudio del Banco Mundial, el Cambio Climático provocará un menor rendimiento de cultivos tradicionales como trigo y maíz, y un aumento del rinde de variedades genéticamente modificadas de soja.
En casi todo el país, según se indica en un estudio presentado por la publicación “El cambio climático en Argentina”, elaborada por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (SAyDS), hubo un aumento de las precipitaciones medias anuales con mayor incidencia en el noreste y en el centro del país.
Este cambio generó la expansión de la frontera agrícola en la zona oeste de la periferia de la región húmeda tradicional, lo que condujo al anegamiento de campos productivos de forma permanente o transitoria.
Este aumento de los caudales de ríos trajo aparejado beneficios en relación a la generación de energía hidroeléctrica en la Cuenca del Plata.
Sin embargo, el aumento de la frecuencia de inundaciones provocó graves consecuencias socioeconómicas en los valles de los grandes ríos de las provincias ubicadas en el este del país.
A su vez, se registró un considerable aumento de la frecuencia de precipitaciones extremas en gran parte del este y centro del territorio nacional con los consiguientes daños ocasionados por inundaciones, vientos destructivos y granizo.
Con respecto a la temperatura de la zona cordillerana de la Patagonia, se registró un aumento de más de un grado con el consiguiente retroceso de la mayoría de los glaciares andinos.
A su vez se registró un secular retroceso de los caudales de los ríos que se originan en ese cordón montañoso, en las provincias de San Juan, Mendoza, Río Negro y Neuquén, probablemente ocasionado en la disminución de las precipitaciones nivales sobre la Cordillera de los Andes.
En relación a la emisión de gases de efecto invernadero a nivel país, según el Inventario Nacional de GEI’s, un estudio coordinado por la Secretaría de Ambiente, hubo entre 1993 y 2005 un aumento del 37% en el total de emisiones, donde el sector Industrial aporta 47% del total; la agricultura y la ganadería 44%; residuos 5% y procesos productivos 4%. En tanto, se estima que para el 2030 el aumento llegue a 184% respecto a las cifras de 1990.
De cualquier forma, la posición de Argentina en relación al resto de los países es relativamente positiva, ya que ocupa el puesto número 25 a nivel mundial, aportando solo el 0,84% del total de emisiones, con un aporte acumulado desde 1950 de 0,5% de las emisiones globales.
El desafío de la adaptación
La complejidad del tema es tal, que los gobiernos que integran la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC) se ven obligados a desarrollar labores de forma coordinada con todos los actores involucrados a fin de diseñar y ejecutar las medidas necesarias.
“La adaptación ha sido hasta el presente objeto de menor atención que la mitigación, sin embargo, la adaptación es un núcleo clave de las políticas en materia de cambio climático debido a que atienden directamente los impactos locales sobre los sectores más vulnerables de la sociedad”, refiere al respecto el Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero M. Bibiloni.
De acuerdo con lo proyectado por la Convención de las Naciones Unidas, para mantener el incremento de la temperatura media global por debajo de 2ºC, con respecto al comienzo de la era industrial, se estima que se deberán reducir las emisiones globales en más de un 80% para el año 2050 con relación a los niveles de 1990; objetivo acordado por Argentina para el largo plazo.
Esta es una meta imposible de cumplir si los países desarrollados no adoptan acciones de reducción de emisiones para el segundo período de compromiso del Protocolo de Kyoto y las naciones en desarrollo no contribuyen activamente con la implementación de procesos de mitigación cuantificables y verificables. Argentina considera que cada nación desarrollada debe aportar a un fondo de financiación de acciones de adaptación y mitigación que incluya tecnología y desarrollo de capacidades, en los países en vías de desarrollo, por parte de las naciones más ricas.
“Lo nuevo que introduce esta propuesta es que hace foco en las acciones concretas, es decir, solicita la transferencia de tecnología y de fondos destinados a planes específicos que presenten estos países”, explica el director de Cambio Climático de la SAyDS, Nazareno Castillo.
El funcionario enfatiza en la necesidad de “adaptarse” al cambio climático que presenta nuestro país frente a una serie de impactos que son cada vez más notorios como las sequías o las inundaciones. “Aunque no es fácil definir si es causa del cambio climático y diferenciarlo de la variabilidad natural del clima, lo importante es que hay que adaptarse”, sostiene el especialista. Para la Adaptación, en tanto, la propuesta nacional prevé la creación de un Fondo integrado por los estados responsables históricos de las emisiones. Las acciones de mitigación tendrían tres fuentes de financiación: un Fondo de Mitigación para cuestiones estructurales; mecanismos de mercado a través de bonos de carbono y préstamos de organismos multilaterales.
En la convicción de que cada nación desarrollada debe aportar a un Fondo de financiación según su responsabilidad histórica en la emisión de gases de efecto invernadero, Argentina exige a las naciones más ricas el reparto de fondos y transferencia de tecnología a los países en desarrollo, con vistas a la próxima Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP 15), que se realizará en diciembre en Copenhague.
Esta propuesta se suma a de implementar el mecanismo de REDD (Reducción de Emisiones de la Deforestación y la Degradación de Suelos) considerando el cálculo de las emisiones de la deforestación como de una de las principales fuentes de calentamiento global en los países en desarrollo. Así como a la de incorporar a los trabajadores en un proceso de transición justa que asegure el empleo y la capacitación ante los nuevos escenarios productivos.
Los cambios
A lo largo de la historia, el clima sufrió constantes alteraciones debido a los grandes cambios naturales que se produjeron entre la energía solar entrante y la energía remitida por la tierra hacia el espacio.
Entre las causas naturales de esta problemática se pueden enunciar las erupciones volcánicas; los cambios que sufre la rotación de la tierra sumado a las variaciones en la composición de la atmósfera; sin olvidar los cambios en la órbita de traslación de la Tierra.
Existen, por otro lado, causas “no naturales” que aceleran esta modificación del clima en términos globales. La alteración en la composición natural de la atmósfera a raíz de la acumulación de los denominados gases de efecto invernadero (GEI’s) que hacen aumentar la temperatura media del planeta es producto de muchas actividades humanas: la quema de combustibles fósiles, la agricultura, la ganadería, la deforestación, algunos procesos industriales y los depósitos de residuos urbanos provocan el aumento de las concentraciones de estos gases de efecto invernadero en la atmósfera.
El aumento en la concentración de estos gases desde principios de la primera revolución industrial -1750- hasta nuestros días, no sólo provocará cambios en la temperatura sino también en el clima mundial: alteraciones en los regímenes de precipitaciones, incremento de la desertificación, alteraciones de los ciclos agrícolas y el derretimiento de los hielos, lo que incrementará el nivel del mar causando inundaciones en las zonas costeras.
En la segunda semana de diciembre estos y otros temas serán parte de la agenda que se tratarán en la Quinceava Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas de Lucha contra el Cambio Climático (UNFCCC/COP 15) en Copenhague, Dinamarca, donde 184 naciones debatirán las medidas a adoptar en mitigación y adaptación frente al fenómeno pero, sobretodo, se discutirá quiénes pagarán los costos de la implementación de tales medidas en los próximos años.
Por su parte, Argentina es uno de los cuatro países en desarrollo que ha entregado dos informes nacionales a la Convención Marco, lo que demuestra el compromiso asumido en la lucha por paliar este fenómeno.
Políticas globales en Copenhague Entre el 7 y el 18 de diciembre se llevará a cabo en la capital de Dinamarca, Copenhague, la 15º reunión de las partes (COP15) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCC, por sus siglas en inglés).
En este encuentro del que participará la Argentina y otros 183 países se intentará generar un consenso en relación con las emisiones globales de CO2 y lograr, antes de 2012, un acuerdo que permita dar continuidad a los postulados del protocolo de Kyoto. Aunque algunos países ya hablan de dar por terminado este acuerdo.
Aún hay incertidumbre sobre qué ocurrirá en Copenhague, en especial ante las diferencias entre las naciones en temas clave, como las fuentes de financiación y transferencia de tecnología y las metas de reducción de emisiones.
La ciencia advierte que no hay tiempo que perder para actuar contra el calentamiento global y que los impactos del cambio climático se han acelerado notablemente desde el último reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, según sus siglas en inglés) de 2007.
21 de noviembre de 2009 (presanargentina)
|