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Ellos tienen el monopolio y cualquiera que haya pasado los cuarenta y cinco años y no tenga pareja puede ir olvidándose de su existencia. Pero la verdad es que éramos sexuales antes de nacer y seremos sexuales hasta el día de nuestra muerte.
Los impulsos sexuales, los deseos y la actividad sexual pueden cambiar, pero uno sigue siendo sexual y capaz de disfrutar por completo de una amplia variedad de comportamientos: tocarse, abrazarse, apretarse y besarse apasionadamente. Uno puede disfrutar de las caricias eróticas, de la estimulación genital ‑ya sea que lo haga uno mismo (masturbación solitaria) o con una pareja (masturbación mutua)‑, del contacto sexual oral‑genital y del uso de un vibrador. Estas actividades pueden ser tan placenteras y satisfactorias como la relación sexual y no deben ser consideradas como "de segunda".
Este es un testimonio de una mujer de 60 años asistente a uno de los talleres de sexualidad femenina y erotismo que organizo una vez por mes:
¿Qué puedo hacer a los sesenta años si no hay señores disponibles?
Es cierto que de acuerdo a ciertas estadísticas hay mas mujeres disponibles que hombres mayores entre otras razones o bien porque las mujeres viven más y son, por lo general, más sanas o bien porque esos señores mayores buscan mujeres mas jóvenes. Pero sí hay algunas opciones como darse permiso para aprender a masturbarse.
Este testimonio corresponde a un Sr. de 60 años que me envio por mail una consulta.
Juan Pablo: Mi esposa tiene sesenta años y todavía disfrutamos estando juntos y haciendo cosas, pero yo no tengo erecciones lo suficientemente rígidas para tener sexo. Si “juego un ratito con él". tengo una erección, pero se baja demasiado rápido. Mi esposa rara vez quiere que mantengamos una relación porque está muy seca, y por más que la estimulo no se humedece. ¿Será que nuestra vida sexual quedó relegada al último cajón por el resto de nuestras vidas?
Juan Pablo: De ninguna manera, sencillamente ha cambiado. La antigua necesidad de confundirse el uno en el otro ha disminuido, pero el sexo es mucho más que un pene en una vagina. Considere el proceso de envejecimiento y los cambios que ocurren en nuestros cuerpos, al comprenderlos la presión desaparecerá y podrá relajarse y disfrutar.
Los cambios en el varón
Hay cambios corporales externos obvios: el cabello gris, la calva y la redistribución de la grasa corporal, que hace que el pecho amplio, varonil, se haya deslizado a la cintura y se forme "el salvavidas".
Hechos médicos como el endurecimiento de las arterias le dificultan al corazón bombear sangre a todas las partes del cuerpo, incluyendo el pene, lo que determina que tarde más tiempo que cuando era joven para alcanzar una erección, y que esta sea menos firme. Puede sucederle también que experimente impotencias periódicas o que le resulte imposible alcanzar o mantener su erección lo suficientemente firme para lograr la penetración o quizás experimente eyaculación precoz. Muchos varones maduros me dicen con frecuencia que el eyaculado ya no es un chorro, sino unas gotitas. Pero el temor a fracasar o a sentirse impotentes puede hacerlos vacilar y decidir ni intentarlo.
Es cierto que después de veinticinco años de matrimonio y de sexo con la misma persona, algo del orden de lo rutinario y monótono se instala: algo así como que la actividad sexual se ritualiza, siempre sucede los viernes a la noche, después del informativo, en la posición del misionero y con las luces apagadas. Es difícil ser excitante e innovador al hacer el amor con su pareja si uno no se suelta.
A veces puede suceder que un varon maduro se sienta incómodo si no eyacula todas las veces. Pero esa sensación de urgencia, propia de los años jóvenes ha disminuido de modo que, si eyacula, es buenísimo, pero, si no, también. Lo importante es que ambos miembros de la pareja estén satisfechos con la calidad del encientro.
¿Que sucede con las mujeres?
Las mujeres experimentan la menopausia y el cese de la menstruación entre los cuarenta y cinco y los cincuenta y cinco años. Todas sabemos de arrugas, pechos caídos, cambios de humor y golpes de calor. Pero hay otros cambios menos notorios, que afectan directamente la actividad sexual y el placer.
Al igual que los varones, las mujeres también necesitan más tiempo para excitarse sexualmente y mayor estimulación directa y experimentan menos urgencia para llegar al orgasmo y poca o ninguna incomodidad o insatisfacción si no lo alcanzan.
Hay cambios definidos en los patrones de excitación a medida que envejecemos. Una lubricación inadecuada puede hacer que el sexo sea doloroso para las mujeres y las vuelva vulnerables a la cistitis (infecciones de vejiga) y las infecciones vaginales repetidas o crónicas, lo que provoca molestias considerables. Las membranas mucosas que cubren las paredes de la vagina se hacen más delgadas, más secas y propensas a, desgarramientos e infecciones vaginales, por lo cual es imprescindible el uso en cantidad de lubricantes para aliviar las molestias.
Algunos medicamentos, como los antidepresivos, los remedios contra la alta presión, los barbitúricos y algunos medicamentos para el corazón pueden reducir el impulso sexual. Hable con su médico sobre la medicación que está tomando y pregúntele si puede afectar su impulso sexual.
Es también posible que uno o ambos miembros de la pareja pierdan el interés sexual en el otro si alguno de los dos ha engordado mucho, si no es cuidadoso con la higiene personal o si está bebiendo demasiado. Es difícil que el deseo sexual surja cuando lo que se siente es asco y desprecio.
Sí la relación es tormentosa, con ira y resentimiento, resulta complicado cerrarle la puerta a la hostilidad y abrírsela a la pasión. De ahí que las mujeres sintamos, a diferencia de los varones, que es necesario conversar antes de ir a la cama y que las cosas no se arreglan en el dormitorio. Una comunicación franca y honesta es la llave del éxito en una relación amorosa si se quiere que sea duradera y placentera. Si el nivel de confianza es alto, si hay intimidad, es más fácil hablar de lo que lo estimula a cada uno y de lo que no es placentero.
Es muy importante también no olvidarnos del erotismo, mas aun buscar cosas que estimulen su aparición o reaparición: luz de velas, música suave, incluso un camisón sexy. Darse tiempo para tocarse, abrazarse, besarse y acariciarse. Utilizar cosas que los exciten, sean fantasías sexuales, lectura de literatura erótica, ver juntos videos eróticos, o bañarse juntos o darse un suave masaje, siempre que a su pareja ello le guste.
Trate de incorporar algunas fantasías sexuales a la relación. Si siempre quiso hacerlo sobre una mecedora o sobre una manta frente al hogar, o si quiere jugar a cubrir a su pareja con crema chantillí o a darle unas suaves palmaditas, ¿por qué no probar? Sean creativos y, por sobre todas las cosas, no pierdan el sentido del humor.
23 de noviembre de 2009 (Por la Lic Diana M Resnicoff/MU)
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