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INTERNACIONALES


El hambre ronda a América Latina



Fecha: 26/11/2005   17:42  |  Cantidad de Lecturas: 2123

Haití es el país que padece la peor situación de hambruna, cerca del 62% de sus habitantes no come lo suficiente - En América Central, Guatemala, Nicaragua, Honduras y en el cono sur Ecuador y Bolivia son los países con más población hambrienta




“Es como un ardor, un dolor que es muy fuerte y no se quita sino que, al contrario, te deja sin fuerza y sin ganas de nada. Al menos así me pasa a mí cuando paso sin comer y me ataca el hambre”. “Vivo medio dormida todo el día, porque cuando me despierto me duele, pero toca aguantarse porque tengo que pedir algo para darles a mis niños”, cuenta Juliana Ulcué. Con sus manos sucias acaricia la cabecita de Yuly, su hija menor, de 3 años de edad, que dormita en su regazo. Sus ojos se ven cansados y sus pies están muy maltratados, se nota que llevan largas jornadas huyendo. El hambre, que describió, se le ve en los rostros a sus hijitos. El dolor de esta mujer, una desplazada de Nariño que hoy pide caridad con sus tres hijos en un semáforo en el sur de Cali, se repite por millones en toda América Latina con diversos rostros y etnias. La zona que, según el más reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, es “la única región del mundo que ha reducido los niveles de hambre, lo suficientemente rápido para cumplir con los objetivos del Milenio”. Pero esa reducción que la FAO reconoce como un triunfo frente a la grave crisis de África y algunos países de Asia, es una noticia que ningún latinoamericano o caribeño, hambriento, cree. Desde México en el norte de América Latina hasta la Patagonia en Chile en el sur, pasando por el Caribe, hay cerca de 74 millones de personas padeciendo hambre. Y en Colombia la crisis del hambre toca a seis millones de personas. Casi como si todos los habitantes de Bogotá durmieran cada noche sin haber comido nada en el día. Pero lo más increíble de esta crisis es que en América Latina se producen suficientes alimentos para abastecer a sus 516 millones de habitantes. Al frente del semáforo donde está Juliana con su familia, se para con un paño, para limpiar vidrios, José Manuel, de 14 años, siete de los cuales ha vivido en la calle. Esconde una botella de pegante bóxer en su camiseta raída y sucia. Ese es su antídoto contra el hambre. “Yo le tengo que meter de esto pa’ que no me dé hambre. Porque si no me voy es muriendo. A veces no me levanto ni pa’ comerme un pancito y entonces me toca pegarme de la botellita pa’que me alimente”, dice José Manuel. Como él, millones de niños cada día pasan sin alimentos y son presa del vicio, el abandono y la soledad. Salió de su hogar, en una vereda de Bocas de Satinga, Nariño, con su mamá y cuatro hermanos. El maltrato lo hizo huir de una pobre casa en el barrio Cinta Larga hace siete años. Y su vida desde entonces es dar tumbos en los andenes de la ciudad, un día limpiando vidrios, otros pidiendo caridad y los más sumergido en la botella que le ‘espanta’ el hambre. Y es que es justamente la población infantil la más vulnerable de América Latina; son los niños quienes más dificultades tienen para acceder a los alimentos. “Los pobres —al menos en América Latina— son en su inmensa mayoría indígenas y niños menores de 15 años”, dijo la FAO. De acuerdo con esta organización la pobreza extrema habita en las zonas rurales, paradójicamente, entre los campesinos que producen los alimentos. En nuestro continente la situación más crítica se vive en Haití, en donde el 62% de su población sufre de hambre. Los desastres naturales como el huracán Jeanne, que devastó hace poco más de un año con parte del país, la guerra civil y los gobiernos corruptos han hecho que esta isla que divide su territorio con República Dominicana, esté considerada en los niveles de miseria de África subsahariana. En América Central, es también en donde están los países con más niveles de pobreza de todo el continente, entre ellos Nicaragua, en donde la población hambrienta ronda al 31% de sus habitantes, en Guatemala al 23% y en Honduras al 22%. LOS VECINOS. “En Ecuador, probablemente no hay quién se muera de hambre. Esos extremos no existen todavía, lo que sí tenemos es una grave situación de subnutrición y de trastornos en la alimentación”, dice Daniel Montalvo, oficial técnico de la FAO en ese país. En esta nación, limítrofe con Colombia, existen por lo menos 1.200.000 personas con graves dificultades para acceder a los alimentos, es decir, el 10% de su población. “Las zonas más críticas en el tema de la subnutrición son las rurales de la Sierra central, es decir, las provincias de Chimborazo, Bolívar y Cotopaxi. También hay otras provincias como Esmeraldas en la costa, Orellana y Sucumbíos, en la Amazonia”, explicó Montalvo. “Casi toda es población indígena y dentro de ellos los más vulnerables son las mujeres y los niños”, precisó el Oficial de la FAO. Indígenas como Juliana Ulcué y sus hijos que le huyeron a la violencia y al hambre en su natal Nariño, allí muy cerca de esa Sierra central de Ecuador. En este país la función de la FAO, más que abastecer con alimentos a la población, es proporcionar los medios para que haya seguridad alimentaria y desarrollo rural. “Uno de los proyectos más importantes lo hacemos en Chimborazo con el fortalecimiento de organizaciones indígenas en el tema productivo”, añadió Montalvo. Entre tanto, en Venenzuela se han puesto en práctica iniciativas gubernamentales positivas como Mercal, que ha logrado reducir los costos de los alimentos hasta en un 30% en las zonas de más bajos ingresos del país. Sin embargo, para Andrés Carmona, director de la Fundación Bengoa, que trabaja con proyectos de alimentación y nutrición para los pobres de ese país, “no es suficiente, hay zonas en donde el acceso a los alimentos es muy limitado. Además, no se ha hecho ningún estudio de impacto que revele de verdad cómo esas iniciativas están contribuyendo a reducir el hambre en Venezuela”. La Fundación Bengoa promueve la educación nutricional, que busca enseñar a la población de menos recursos a aprovechar mejor los recursos económicos para que mejoren su alimentación tanto en cantidad como en calidad y también promovemos el desarrollo de hábitos nutricionales sanos. La crisis de hambre más compleja se vive en los cinturones de miseria de las grandes ciudades, “pero en las zonas rurales en donde el desempleo es muy alto hay un grave problema de acceso económico a los alimentos”, afirmó Carmona. “Curiosamente en las zonas rurales productoras de carne hay un consumo de proteína muy bajo y por el contrario, un consumo alto de harina de maíz precocida, de pastas de trigo y muy bajo consumo de frutas y hortalizas”, explicó Carmona. Allí detrás de las cifras, los informes y miles de proyectos viven millones de personas en América Latina, que como Juliana y José Manuel, esta noche dormirán con dolor de hambre. “Yo me acuesto debajo de una carpita de una panadería en la calle, y si tengo suerte por la mañana la muchacha que barre me da un pan con algo de café, pero si el dueño es el que abre, no me da nada y me toca pararme de una”, cuenta José Manuel. Oswaldo Páez | El Pais

Fuente:  26 de noviembre de 2005 (derf-ei)








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