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¿Y qué pasa si nos vamos? De la soberanía nacional a la soberanía monetaria



Fecha: 05/06/2013   12:25  |  Cantidad de Lecturas: 1853

España dentro o fuera del Euro, Catalunya dentro o fuera de España… en los medios se suceden especulaciones sobre las ventajas e inconvenientes de cada opción


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Pero, en un momento en el que la cuestión de la llamada “soberanía nacional” es protagonista de nuestra vida política, sorprende que se ignore que, hoy, la soberanía no reside en el pueblo, sino en la moneda. No en vano los países de mayor tradición democrática de Europa (Reino Unido y los países escandinavos) son los que han decidido mantener las suyas. Desde luego, una moneda fuerte, en la medida en que se convierte en divisa de intercambio internacional, permite influir mejor en la política mundial (véase el dólar, qué casualidad que EEUU sintiera la necesidad de invadir Irak cuando este país comenzó a admitir el pago de su petróleo en Euros). Pero, de puertas para adentro, implica la cesión de soberanía económica de los miembros más débiles de la Unión Monetaria en favor de los más fuertes. En definitiva, el viejo dilema acerca de las ventajas e inconvenientes de integrarse en el imperio vencedor. Pocos dudan ya de que el esplendor económico de la España de la pasada década es un efecto de la integración en el Euro, como también lo es nuestra actual sensibilidad a la crisis internacional. La recuperación de la moneda propia, y su segura devaluación (se calcula sobre un 50%) estimularía nuestra capacidad de vender y reduciría la de comprar. Los salarios nominales serían los mismos, pero la inflación mayor y, en relación a los salarios europeos, experimentarían una drástica pérdida de valor. Por otro lado, en este escenario resulta más fácil pensar en una recuperación económica y una reducción significativa del desempleo. De todos modos, los salarios ya están, o reduciendo significativamente su valor nominal, o sencillamente desapareciendo, y nuestros bienes inmobiliarios no dejan de perder también valor nominal. Así pues, ¿de dónde procede la resistencia a la recuperación de la soberanía monetaria? Probablemente del sistema bancario, que es el que en río revuelto todavía es capaz de hacer ganancia. En el próximo artículo detallaremos por qué. Pero lo que quería poner hoy de relevancia es el hecho de que lo que nos mantiene nuestro futuro económico en el limbo es precisamente nuestra incapacidad para hacer de la decisión acerca de nuestra permanencia o no en el Euro una cuestión política y no meramente económica. Mientras pensemos como los bancos, haremos lo que quieren los bancos. La decisión sobre nuestra moneda ha de apartar de la mesa los balances comerciales, el déficit fiscal o la deuda pública. La decisión sobre la moneda ha de ser una decisión política, porque es una decisión acerca de quién ostenta la soberanía y, por tanto, quién decide una política social, educativa y de empleo. Un sencillo cálculo nos permite deducir que, quien más tiene que perder con la salida del Euro es la banca: actualmente, se está quedando con miles de viviendas que garantizaban préstamos imposibles de pagar, y cuyos propietarios no pueden ya vender al precio que las compraron y devolver así el préstamo: pues bien, en el momento en que se recuperara una moneda propia, pongamos la peseta, y ésta se devaluara, las cantidades debidas por los particulares a los bancos permanecerían iguales, mientras que el valor de las viviendas en la nueva moneda devaluada aumentaría notablemente (especialmente en zonas de alta demanda extranjera, que son también las más afectadas por la burbuja inmobiliaria), lo que facilitaría su venta, la devolución del préstamo (que para el banco, en relación a sus operaciones exteriores valdría la mitad) y, lo más importante, el fin de la deuda que presiona a los trabajadores españoles hacia la permisividad en relación a sus condiciones laborales. Ahora bien, ¿no interesa a los bancos recuperar el dinero efectivo, sean Euros o futuras Pesetas, más que tener un parque muerto de viviendas invendibles? Sí… al menos que ya cuenten con una futura salida del Euro, en cuyo caso harán buen negocio con las viviendas ahora embargadas. Los bancos no quieren ahora Euros depositados que luego les puedan obligar a convertir a Pesetas, con la consecuente pérdida del 50%. Prefieren viviendas que, aunque ya devaluadas, no se volverán a devaluar con un cambio de moneda, sino que mantendrán buena parte de su valor. Esta es la única explicación posible del furor deshauciador que les domina ahora. Henrik Hdez.-Villaescusa Hirsch www.filosofiapractica.com Rico al Cuadrado.

Fuente:  05 de junio de 2013 (derf)








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