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Bolivia: Clasismo, racismo y golpe

En estos días fuimos los espectadores del Golpe de Estado en Bolivia concretado sobre una de las revoluciones culturales y sociopolíticas más reciente en Latinoamérica.

La osadía del MAS (Movimiento al Socialismo) en Bolivia de colocar “democráticamente” un campesino-indígena como Evo Morales en el poder marcó también la impugnación al ejercicio político de las clases dominantes.

El gobierno de Evo significó el fin de la sangría económica histórica y la soberanía energética y política sobre los recursos propios bolivianos. Ese es el principal motivo del proceso de desestabilización que encabezó, Biblia en mano, Luis Fernando Camacho y su familia (parte de la oligarquía monopólica boliviana)

Es que la irrupción del indio-militante Evo Morales implicó también la caída de otro de los instrumentos de “orden” como es la religión y llevó la mística de la pachamama y la whipala a los palacios oficiales de Bolivia.

Pero además de los factores político-económicos, los dos componentes principales del Golpe en Bolivia se llaman clasismo y racismo. El clasismo de esos sectores económicos corporativos actúa con el mejor libreto capitalista que escribe Trump y hace renovarse al racismo antiindígena histórico en Latinoamérica.

Lo que les queda a los sufrientes pueblos de América del Sur, ahora en las calles chilenas y bolivianas; y a sus gobernantes depuestos – Lugo en Paraguay, Dilma Roussef en Brasil y Evo Morales en Bolivia- es rearmar con paciencia esa veterana esperanza que camina por América Latina.

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