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"Calavera y Hueso", la sociedad secreta enemiga de Barak Obama ¿estuvo de paso en la Argentina?.08 de diciembre de 2008 (Por Jorge D Boimvaser/MU)

Fue un noche fría y lluviosa a fines de julio pasado. Minutos antes de las 20, las autoridades del Museo Malba comenzaron a desalojar las instalaciones de todos los salones, pues en breve lo precisaban para una jornada especial. Ninguno de los ocasionales visitantes se molestó, el clima destemplado invitaba a estar en casa temprano. Esa noche, organizado por el “Yale Club de Argentina” (que agrupa a los profesionales argentinos recibidos en esa casa de estudios norteamericana), se agasajaba a un grupo de alumnos próximos a recibirse que habían realizado pasantías en diversas empresas de los EEUU radicadas en la Argentina. La Universidad de Yale, fundada en 1701, dispone de un prestigio académico que sólo vale darle crédito con una simple mención. Cualquiera de esos estudiantes próximos a recibirse, sale a la calle una vez finalizados sus estudios, teniendo casi asegurado contratos laborales que nunca bajan de los U$S 200.000,- anuales (sí, a los veinte años promedio y con el título bajo el brazo comienzan ganando doscientos mil dólares por año). La noche seguía fría y al Malba llegaron unos muchachos serios, callados, con pequeños audífonos colocados en sus oídos, pilotines que descubrían algún pequeño pero marcado bulto bajo sus ropas, y tomaron posiciones expectantes pero con mucha discreción. Eran la custodia del embajador norteamericano en la Argentina, Earl Anthony Wayne, que llegaba con una importante comitiva diplomática. No es común, salvo en jornadas excepcionales, que gran parte del cuerpo consular norteamericano se haga presente junto al jefe político de Washington en la Argentina. “Nadie en el mundo político de USA quiere aparecer descortés con la Universidad de Yale”, le dijo alguien de la comitiva en perfecto español a -¿Por qué?, inquirió este medio con una cuota de ingenuidad. La respuesta lo dice todo: “Siete de cada diez Presidentes de los Estados Unidos son graduados en esta Universidad, los muchachos tienen influencia de sobra”. Allí se comprende mejor el por qué de tantas personalidades locales y diplomáticas. Porque aparte del embajador y su gente, estaban esa noche ex cancilleres y embajadores como Adalberto Rodríguez Giavarini, Emilio Cárdenas y el siempre carismático y sonriente Carlos Escudé. Todo fue de rigor y sin demasiados rictus interesantes o fuera de lo común en estas ceremonias. Buen cóctel, palabras alusivas a la importancia del conocimiento en el mundo moderno y el aburrimiento propio de aquellos que no gozamos de las pompas sociales. Daniel Kom, presidente de la filial Buenos Aires de Yale, fue el primer abogado graduado en los Estados Unidos que obtuvo la homologación de su título en la Universidad de Buenos Aires. Kom fue el anfitrión del resto de los asistentes que hicieron uso del micrófono para alabar la jornada de intercambio empresario-educativo en la Argentina. Un hombre alto, delgado, casi setentón, pelo entrecano, muy fisonómico con algún actor de Hollywood, fue el único orador que precisó traductor al español pues no dominaba el idioma. Su discurso tuvo un dejo más político que didáctico, pero nada del otro mundo. Alguien le susurró al periodista, al oído, una frase que en su momento se volvió inexplicable y tal vez absurda, quizás propia del alcohol que servían los mozos con encomiable gentileza. “Este hombre pertenece a los huesos”, dijo. Se podía pensar que la expresión estaba referida a su delgadez, y la cosa quedó allí. Pero hace pocos días, una casualidad hizo que aquella anécdota volviera al tapete y se aclarara aquella pertenencia a “los huesos” de ese personaje misterioso que pisó la Argentina y el museo Malba en julio pasado... En los buscadores de Internet es posible hallar un discurso del entonces Presidente John F. Kennedy del año 1962 denunciando la conspiración de sociedades secretas en el ámbito de poder norteamericano. Nuestro personaje del Museo Malba, de paso por la Argentina, se nos dijo que pertenecía a una de esas sociedades secretas que parecieran militar solamente en el género de la ficción, de no ser porque un Presidente asesinado en una conspiración nunca aclarada como fue JFK, las denunció públicamente hace más de cuatro décadas. Se trata de la secta de “La Calavera y los Huesos”, y si uno se atiene a recomponer algunos dichos de aquella noche fría y lluviosa de julio, pronunciados entre los canapés, el tempura (una exquisitez de la gastronomía china que no cualquiera prepara) y los buenos vinos y espumantes servidos, en los cuales sobresalían expresiones contrarias a la candidatura de Barack Obama, comprende que “Calavera y Hueso” cuando pasó por la Argentina dejó claro, aunque su mensaje fue captado casualmente, que el ahora Presidente electo norteamericano tendrá un enemigo interno de peso, oculto entre las sombras pero de enorme influencia en el backstage de los movimientos del poder norteamericano. En nuestra próxima entrega, la historia oculta de “La Secta de la Calavera y Los Huesos” , la poderosa sociedad secreta norteamericana nacida en la Universidad de Yale que fue denunciada por John F. Kennedy.

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