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César Bisso: "Siempre está presente ese lugar de la infancia"

Así lo aseguró César Bisso poeta, Licenciado en Sociología en una charla con el periodista y director de Agencia DERF, Antonio Rico.

En una sentida entrevista con el periodista y director de Agencia DERF, Antonio Rico, el poeta y sociólogo César Bisso habló, entre otras cosas, sobre sus comienzos, su particular mirada a lo mundano y su infancia.

Nacido en la ciudad de Santa Fe el 8 de junio de 1952, Bisso pasó su infancia y adolescencia en Coronda, lugar de donde extrajo sus primeras impresiones escritas.

“Creo que tiene que ver con la contemplación y con la percepción, uno registra cosas que de pronto en la mirada cotidiana pasan de alto o tal vez no, el tema es como uno hace es proceso interior de la mirada, y todos, de alguna manera, estamos mirando lo mismo, pero lo podemos expresar de una manera diferente”, comenzó diciendo Bisso y continuó: “Como uno es poeta, uno trata siempre, de obtener imágenes que representan algo. Esas imágenes te representan vivencias, sobre todo a mí por ejemplo, me representa la infancia”.

Radicado en Buenos Aires, el poeta comenta que “cada vez que voy y me paro frente al río Coronda y miro las islas de enfrente, estoy viendo mi infancia, la infancia en tiempo presente, empiezan a aparecer recuerdos, ausencias, alegrías, dolores, todo lo que uno fue construyendo en la infancia y uno mira desde ahí, no son imágenes vacías para otros, en la rutina, son las mismas imágenes que miro yo, pero yo las estoy viendo desde ese lugar, por eso lo puedo plasmar en un poema, un poema que puede estar construido desde una mirada metafísica, de una mirada existencialista, pero siempre está presente ese lugar de la infancia que ha sido el promotor de casi toda obra poética”.

Siguiendo con los recuerdos de la infancia, Bisso mantiene vivo su pasado en Coronda: “El Carancho Triste(*) representa para mí el lugar más emblemático de Coronda, será porque los primeros días de mi vida los viví ahí, en la vieja aduana de Coronda, son mis primeros recuerdos y mi abuelo tirando la pelota arriba del techo a dos aguas y yo esperando que cayera, el jugar entre los naranjos, el caminar todos los días hacia la bajada de El Carancho con mi padre tomados de la mano, el recuerdo de los pescadores que se encontraban allí, todo eso es mi infancia (…) ese lugar que para nosotros representa una magia”.

Ante la pregunta del periodista Antonio Rico sobre cuándo siento el goce en la escritura, Bisso expresó: “Escribir poesía es un proceso bastante dramático, escribir un poema y convencerte de que has escrito un poema no es fácil, no es ordenar simplemente palabras, uno tiene que tener un motivo y tiene que llegar a algo a través de ese proceso, siempre cuento que empecé a escribir desde el dolor, mis primeros poemas es cuando muere mi hermana, yo tenía 13 años y lo primero que se me ocurrió para poder amortiguar ese dolor fue empezar a escribir y mesurgió la idea de escribir poemas o, por lo menos, escribir cosas versificadas, sin saber que era un poema”.

En el mismo sentido, reveló que sus escritos llegaron a manos de su padre, quien, asegura era un poeta anónimo “y cuando vio mis poemas empezó a averiguar para ver cómo se podía ir plasmando esas ocurrencias y me empezó a acercar libros de poetas y justo yo empezaba la secundaria y di con una profesora que enseguida captó mi inclinación y me ayudó mucho. De golpe cuando se me producía una idea la quería transformar en un poema y ahí empecé a sentir que lo que yo quería era escribir”.

“A los 17 años dije que quería escribir y estudiar literatura y ahí es donde me empecé a sentir feliz, cuando mis padres me dijeron que empezara a escribir y empecé en un taller literario y el mundo se transformó el literatura pura”, expresó el poeta.

Sobre qué le diría a alguien que quiere dedicarse a la escritura, Bisso aconsejó: “Yo le digo a ese chico que crea en él, cada uno tiene que encontrar su propia voz, su propio proyecto de vida, pero eso lo tiene que hacer a través del arte, el arte es lo más revolucionario y subversivo que existe en el mundo (…) cualquier proyecto de vida nos puede llevar al éxito o a morir de hambre y este es un mundo tan desintegrado y económica y culturalmente pobre que realmente cualquier manifestación desde lo personal, nos va a permitir abrir un mundo nuevo”.

Para finalizar, y ante la pregunta sobre qué haría si le comunicara que le queda poco tiempo de vida y su respuesta no sorprendió: “Escribir y leer”.

(*)Pescador del Carancho Triste

El pescador huele a silencio.

Al alba tiende las redes en el anchuroso cauce.

Mansamente rema hacia la otra orilla,

inclina el torso a un costado de la canoa

y recoge desde la hondura los frutos sagrados.

El filo del cuchillo apresura la muerte,

dedos carcomidos hurgan entre anzuelos.

Al mediodía, del aro de metal descuelga la carne

y una olla con grasa caliente la vuelve fritura.

La siesta traspasa la marisma y venera al sauce.

En el rancho el hombre friega la oscura corteza,

dispersa escamas por encima de su compañera.

Fornica como si alzara con regocijo un dorado.

Después regresa al oficio de tallar en el agua.

El pescador nada pide y poco tiene.

En la pobreza reside su donación a la vida.

Atizado por el vino, alardea con el nombre del paraje:

“aquí la gente come hasta las tripas de lo ganado”.

El carancho vigila, tristísimo, sobre la rama.

(De “Un niño en la orilla”)

*

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grupoderf@hotmail.com

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