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Cine erótico de, por y para mujeres

Uno de los nichos más poblados de la pornografía es el del film lésbico. En realidad, resulta un poco injusto llamarlos "lésbicos" en estos tiempos: si bien hay una pornografía específicamente lésbica, en el porno industrial escasea. Lo que vemos son relaciones sexuales explícitas entre mujeres en general de acuerdo con una fantasía masculina. No vamos a pecar de ingenuos: la mayor parte del XXX que se realiza con producción importante y realización profesional todavía sigue los dictados de la imaginación del hombre heterosexual. Incluso si, desde que comenzó la revolución digital, las mujeres han tomado un lugar central en el consumo de este tipo de entretenimiento.

Según el estudio anual de PornHub, llega hasta el 40% globalmente. Si se considera que las mujeres fueron educadas durante siglos para reprimir o negar cualquier esbozo de fantasía sexual, tal número debería considerarse un logro. Por lo demás, es creciente. Pero el porno masivo -siguiendo la tendencia del cine masivo- es sumamente conservador en cuanto a lo que ofrece y representa. Así, la diversidad sexual que florece día a día en estos tiempos solo tiene lugar en los nichos. Ampliamos: sucede lo mismo con cualquier tema con alguna pátina de "controvertido" en el cine masivo también.

Esto es especialmente extraño si se tiene en cuenta que cada vez son más las mujeres que producen pornografía. En los años ochenta, las pornostars tenían un destino poco glorioso. El porno es un arte de altísimo desgaste físico, como cualquiera puede prever, y la juventud no dura para siempre. Es cierto, hay grandes excepciones como el de Nina Hartley, aún activa en la industria a los 61 años (la pueden ver como la esposa del personaje de William H. Macy en la notable Boogie Nights, de paso) y además defensora del porno a ultranza, educadora sexual y frecuente conferencista en universidades. Pero en general las estrellas del porno de los ochenta la pasaron mal o muy mal, sometidas a la ausencia de toda regulación laboral.

En los noventa las cosas cambiaron bastante, y no poco tuvo que ver el SIDA y la necesidad de la industria de sobrevivir -más la revolución primero del VHS y luego del DVD- para que hubiera un trato un poco más ecuánime en ese campo. A partir de entonces, las chicas comenzaron a tomar las riendas de su carrera y a producir ellas mismas a partir del peso que su nombre/marca podían tener. El caso de Jenna Jameson, por ejemplo, que es millonaria y produce. Hoy incluso venden muñecas o réplicas a tamaño natural de su genitalia como juguetes sexuales, un merchandising que resulta bastante lucrativo. Pero incluso así, el tipo de imágenes está totalmente marcado por lo que los hombres imaginan que es el deseo en y para las mujeres.

Buceando en Eroticage.net, descubrí hace poco una película llamada Girls who like girls. Una película lésbica, digamos, de mediados de los años 80. Narra las aventuras sexuales de tres amigas entre sí y con otras amigas. En realidad la trama es nada más que un marco para las secuencias porno, cinco en total, y todas parten de una conversación entre las tres protagonistas (que lo son porque tienen más espacio que el resto de las actrices). Pues bien: esta película puede verse rápidamente como una serie de actos sexuales entre chicas de buen ver y ayudar a quien disfrute de tales imágenes a encontrar lo que desea. O puede verse de manera más cinematográfica y más social. Resulta que en ese punto es mucho más interesante que el promedio.

Alguna vez hemos hablado aquí (varias veces, en realidad) del porno hecho por y para mujeres. Mujeres realizadoras de pornografía siempre hubo, pero en general eran -hoy son menos- la excepción a la regla. Pues bien, Girls... está dirigida justamente por una mujer, Pauline Edwards. Esto puede no ser demasiado relevante por lo dicho más arriba, pero resulta que sí, lo es. Todas las secuencias incluyen la seducción entre dos mujeres -salvo la última, que es la más osada de la producción y la única en la que existe una penetración. Todas las secuencias recurren a un tipo de construcción que privilegia la expresión del rostro, los planos de manos o piel, los gestos cariñosos por sobre la acción exclusivamente genital (que también existe, por supuesto: no se trata de un film "erótico" sino de pornografía pura y dura).

También hay algo notable: la cámara se detiene mucho en los juegos de miradas mientras las protagonistas se desnudan. No sucede, por cierto, en todos los casos (en un par de secuencias, hay una elipsis desde un beso "vestidas" a la acción desnudas), pero en general el sexo se potencia absolutamente con la relación y, lo más interesante del asunto, el sexo se integra a la relación. Para que quede más o menos claro: si se relacionan por lascivia, actúan esa lascivia durante toda la secuencia; si hay algo romántico, el aire de romance se mantiene. Y así sucesivamente.

Pero esto es lo que menos me llamó la atención, de todos modos. Muchas películas hechas por mujeres suelen tener este tipo de poética. Lo que me llamó la atención fue un detalle técnico que no es para nada frecuente en el cine desde los años ochenta en adelante: el uso casi constante del fundido encadenado. Sí, sí, ya sé: hay que explicarlo. Lo vieron mil veces: ¿vieron cuando una imagen se transparenta en otra para cambiar de escena? Una va desapareciendo mientras otra va apareciendo. Es decir, se "funden" (fundido) y encadenan (encadenado) acciones.

En el cine clásico de Hollywood era el procedimiento estándar para cerrar una secuencia y cambiar de lugar, personajes, ambiente o momento. Es algo muy elegante y tiene la gran ventaja psicológica de que nos resulta "natural": mantiene la fluidez de la narración. Ya casi no se usa, por razones que exceden este artículo. Y no se usaba cuando se hizo Girls... Pero lo interesante es que aquí aparece dentro de las escenas sexuales. Permiten el cambio de posiciones, eliminar el movimiento solo funcional (desplazarse para lograr otra figura erótica) y que la tensión sexual no se pierda. Una imagen excitante se funde en otra, y esa emoción es la que permite mantener la tensión. Quizás suene raro, pero esa elegancia me resulta perfectamente femenina: la idea de un sexo que explora y no busca un "final" sino el goce continuo. Probablemente esta película con mujeres estándar y maquillaje tolerable para el hombre sea realmente lésbica, realmente de mujeres para mujeres, aunque de contrabando.

FUENTE: Por Leonardo Desposito baenegocios
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