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Constitución de una conciencia ciudadana. Por una nación más justa

Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.

Muchas veces he discutido con diversas personas sobre la importancia que tiene la Constitución Nacional para la sociedad, y noté a lo largo del tiempo que casi la totalidad de los ciudadanos con los que debatía, sostenían que la misma no presentaba mayor trascendencia en la vida cotidiana, y que con ella o sin esta, era lo mismo.

Dicha postura me hizo reflexionar sobre si esto era o no así, y comencé por analizar los diversos principios y garantías que la Carta Magna contiene y de que forma afecta a nuestra ciudadanía, y sobre todo a nuestro día a día.

En primer lugar debo decir que la Constitución Nacional fue redactada en un momento de la historia Argentina muy particular, y sin embargo declaró infinidad de libertades, garantías y principios que la convirtió en una de las Leyes madre más completas del mundo, pero ¿completas para quien y por que?. Esta pregunta no tiene un inicio y un final determinado, y forma parte de un análisis mucho más exhaustivo, pero que a grandes rasgos podría decirse que nuestra Constitución nos permite a cada uno de nosotros transformar nuestras vidas por medio del esfuerzo y la dedicación, desgarrando los lazos de sangre que existen con la clase en la que nacimos, dándonos la libertad de poder elegir la profesión, oficio o estilo de vida que preferimos, sin que ello pueda ser coartado por el Estado, o por algún particular que nos considere su mercancía.

Estas libertades que parecen naturales, que son parte de nuestro día a día, no siempre fueron así, y sin esta corriente constitucionalista nacida en Estados Unidos y en Francia en el siglo XVIII, jamás hubiera podido ver la luz.

En este contexto los derechos consagrados principalmente por el artículo 14 el cual expresa “...Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender…”, nos brinda todo el conjunto de Derechos Civiles que nos permiten trabajar, fabricar, estudiar y hasta profesar la religión que quisiéramos, sin que esto fuera un impedimento para cualquier ejercicio del resto de derechos que enarbola, por lo que con tan solo estas palabras resultan de una profundidad y un alcance tal que nos deja sin mayores argumentos para sostener que la Constitución Nacional es una mera norma que nadie cumple.

Por otro lado, el artículo 18 establece que ... Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice….”

Tal vez estas sean las palabras más criticadas de toda nuestra Constitución, y que a mi humilde entender, es consecuencia de una desinformación preocupante. Digo ello en función de manifestar que los derechos consagrados en esta parte de nuestra Carta Magna nos permite a todos gozar de la libertad y la seguridad de no ser penados, encarcelados, juzgados y sentenciados por quien puede considerarse nuestro enemigo, y lo que es peor, que esto sea en función de una manera de pensar o hacer o sentir. Nos permite a todos, estar tranquilos en caso de tener que afrontar un juicio, que las reglas por las cuales seremos juzgados fueras claras y establecidas con anterioridad, no dejando lugar a las injusticias que podrían darse en caso de no ser así.

A la vez que considero su importancia, también me siento en la obligación de expresar que es el artículo que más análisis y reformulación puede llegar a necesitar. Y para ello extraigo la parte en la que habla de las cárceles.

Este lugar al que la Constitución le establece un marco en el cual tiene como fin la resocialización de los reos, no encuentra su correlato en la realidad.

Este punto no lo puedo analizar sin antes decir que mi profesión y mi actual función, me han permitido ver un número considerable de Unidades Carcelarias de la Provincia de Buenos Aires, y sin titubeos, puedo asegurar que no desearía pasar ni una sola noche en un lugar como este. Lejos de ser un sitio de reflexión, recontronstrucción ciudadana y hasta personal, resulta un lugar que carece de todos los medios para dicho fin. Pero sin ánimos de entrar en la polémica que esta discusión podría acarrear, prefiero que cada uno de los lectores se pregunten si prefieren pagar impuestos para construir más cárceles que permitan cumplir con la función establecida por la Constitución, o si prefieren derivar menos impuestos a dichos lugares y que quienes ingresen, eventualmente egresen aún más violentos de lo que ingresaros.

Nosotros, el pueblo, tenemos que darnos estas discusiones, y si fuera necesario, porque así lo establece nuestra Constitución, deberíamos, exigirles a nuestros representantes que se modifique esta situación o que con una reforma Constitucional se actualice la misma al nuevo paradigma y pensamiento de nuestros habitantes.

Finalmente, debo decir que sin los mencionados párrafos que vimos, nuestra vida sería totalmente distinta, ya que no existiría ninguna herramienta para el ciudadano, a fin de evitar los abusos a los cuales podría ser sometido. Ahora es cierto que la norma por sí sola no nos cambia la vida, sino que resulta necesario que el conjunto de seres humanos que convivimos dentro del territorio al que llamamos Nación, tengamos en vista que cada uno de los que habitamos este espacio físico forma parte de un conjunto, que sin un orden perdería todo sentido.

También es cierto que vivimos en un país con una cultura de desapego a la norma muy fuerte, pero que siente una inclinación muy particular al control represivo, y que sin este se vuelve un pueblo totalmente anárquico, donde cada uno cree tener derechos y privilegios más allá de los límites establecidos.

Por eso la lectura y el estudio temprano de nuestra Constitución resulta trascendental para la creación de una Conciencia Ciudadana, en la cual los límites se establecen con claridad, y nos permiten actuar en función de algo mayor que nuestro interés particular, siendo el beneficio del conjunto el fin y el motor de todo esfuerzo colectivo.

Dr. Alejandro Federico Guzmán, Abogado recibido de la Universidad Nacional de La Matanza.

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