Distanciamiento 18 de junio 2020
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Coronavirus: El aislamiento y el fin del miedo a enamorarnos

Filofobia, según la ciencia se trata de un problema que, si no se soluciona a tiempo, puede empeorar y dar lugar a un miedo irracional a comprometerse emocionalmente con alguien. La pandemia y el fin del miedo a enamorarnos.

Cuando hayamos superado la tristeza por esta circunstancia quizá encontremos que la pandemia ha hecho algunas cosas positivas por nosotros como seres humanos, especialmente en el plano de los sentimientos. Hasta marzo de 2020 las relaciones sexuales estaban tan sobrevaloradas en los vínculos románticos que hasta muchos jóvenes en todo el mundo habían declarado su hastío uniéndose a una tribu que entonces mirábamos con extrañeza, los asexuales. Hoy, vistos en perspectiva y bajo el prisma del aislamiento social, hasta podríamos considerarlos adelantados a la época. Los que se declaran asexuales se enamoran y tienen pareja, y aunque su prioridad no es el contacto físico, éste puede despertar con el tiempo. Es decir, empiezan por el principio sin especular a donde llegarán. Claro, la ciencia los define con más complejidad, pero en el plano sentimental todo tiene final abierto.

El miedo a contagiarse el virus puso un freno a los encuentros casuales, a las citas como competencia deportiva, al goce egoísta y al destrato virtual, solo por mencionar algunos de los rasgos que viciaron la búsqueda de pareja en los últimos tiempos. El subibaja de emociones que atravesamos en estos meses empezó a poner en orden la estantería: ahora dialogamos en vez de chatear, nos interesamos genuinamente por el otro (en la mayoría de los casos) y sabemos que la apariencia es un apriori efímero pues, como en la vida real, en las videollamadas tampoco lucimos como en la foto. De repente nos animamos al sexting, al autoplacer y todo ese paquete de vivencias solitarias sirvió para conectarnos con nosotros mismos y predisponernos, inconscientemente, para que la primera cita de la nueva normalidad nos encuentre más humanos, o menos desapegados. O más seguros de sí vale la pena correr el riesgo.

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Pero lo mejor de la "desescalada" del sexo compulsivo es que podría ayudar a combatir la filofobia o miedo a enamorarnos. La palabra es casi nueva, pero en los manuales de diván aplica para describir a quienes después de una decepción sentimental o una separación dolorosa desarrollan el famoso pánico al compromiso. Muchos de esos individuos suelen caer con sus huesos rotos en el circuito de las redes y aplicaciones de citas, prestándose al juego de llenar el vacío con encuentros esporádicos o amores que jamás evolucionan. Según la ciencia se trata de un problema que, si no se soluciona a tiempo, puede empeorar y dar lugar a un miedo irracional a comprometerse emocionalmente con alguien. "Por más que quiera, la persona es incapaz de forjar vínculos profundos con otras con las que podría tener una relación sentimental" explicaba Jonathan García-Allen, director del portal Psicología y Mente en un artículo. "Estos problemas están vinculados a un bloqueo emocional debido a las inseguridades", afirma la psicóloga Ciara Molina en el mismo texto. Esas inseguridades son producto de malas experiencias propias o ajenas, ésas que les pasan a nuestros amigos o que nos cuentan de terceros. El problema, dice la ciencia, es que la interpretación de esos sucesos hace que la mente considere el contacto con otra persona como un peligro.

Ojalá las redes de citas tengan en este contexto la posibilidad de reivindicarse. Ahora que la distancia obliga a ralentizar, a ponernos en pausa, trabajar en desarrollar una relación de confianza con alguien puede ser el camino para reubicar el sexo en nuestra escala de valores. Y, en consecuencia, hacerlo mejor...

FUENTE: lanacion.com.ar
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