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El cierre con Soledad tuvo todos los matices

La postal final con Soledad a carcajada limpia y revoleando el poncho como en las viejas épocas fue el epílogo de una primera luna en Cosquín 2019.

Cosquín 2019 pasó por todos los climas y estados: de la emoción a flor de piel en el homenaje a Mercedes Sosa a la euforia de la cantante de Arequito y su encendido público que la esperó hasta después de las dos de la mañana para desatar la fiesta.

“Hacen que cada vez que vuelva quiera volver a probar el sabor de la vida”, tiró la Sole para comenzar su presentación con un estreno, parte de lo que será su nuevo disco que también incluye La gringa, recientemente lanzado junto a un video en el que se anima a romper los moldes.

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La Sole siempre cumple: un show efectivo y con muchos matices, en este caso perfectamente diseñado para entretener a la multitud que la esperó estoica a pesar del fresco que se impuso después de la medianoche, celebró con espuma y papelitos y le festejó cada ocurrencia, como cuando aceptó un mate que le convidó una fan de las primeras filas, se rió de su voz nasal (tal vez algo más marcada que de costumbre por un resfrío) o se sacó selfies con otro grupo cerca del final de la presentación, pasadas las tres y media.

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Agradeció coincidir con la delegación de su provincia y al anticipar un show bien folklórico arrancó con un enganchado de chacareras que pasó de La vieja a la sorpresiva Somos nosotros de Raly Barrionuevo y en el que se incorporó su hermana Natalia, quien luego interpretó Pedro Canoero dentro del bloque chamamecero.

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Trova de la emoción

De arranque nomás la dupla Juan Carlos Baglietto – Silvina Garré apeló a un golpe directo al corazón con Era en abril y la verdad es que se escaparon varias lágrimas en la platea. Ya con toda la legión en el escenario después de que se sumaran Jorge Fandermole, Rubén Goldín, Fabián Gallardo y Adrián Abonizio, volvió a sonar (y a estremecer) Yo vengo a ofrecer mi corazón, el himno de Fito Páez que había abierto el homenaje a la “Mecha”.

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La sucesión de clásicos siguió con Oración del remanso de Fander, La vida es una moneda (otra de Fito, pero inmortalizada por Baglietto) y El témpano de Abonizio, una de las más coreadas. Mención aparte para la gran puesta visual y de luces, así como la banda de acompañamiento integrada por Claudio Cardone (socio creativo de la última etapa de Luis Alberto Spinetta), Leonardo Introini, Adrián Charras, Juancho Perone y Julián Baglietto (hijo de Juan Carlos y cantante del combo rockero Huevo) en batería.

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