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Florencia Kirchner y una foto desde un sanatorio

La joven posteó una dura imagen internada con una profunda reflexión

Florencia Kirchner se encuentra desde hace más de año en Cuba donde lleva a cabo un tratamiento contra su enfermedad.

Desde que abrió su cuenta de Instagram, la guionista y realizadora audiovisual es noticia por sus posteos.

Este viernes, la hija de Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner publicó una serie de imágenes que tenían como protagonista el libro “El Diario de Virginia Wolf” y donde reflexiona sobre sus momentos de internación.

“En muchas ocasiones y por días continuos, después de que me despertaran, era esa una de las primeras vistas que tenía a la mañana. Tanto así que a pesar de tener que estar desconectada, tenía por supuesto mi teléfono, como para por ejemplo, ver la hora, y así le tomé una foto a uno de los libros que leía por esos entonces”, manifiesta Florencia.

Y agrega: “Nunca había pensado en la primera vista al despertarme, en cómo eso puede estar definiéndome transitoriamente. En mi casa mi primera vista es la mesa de luz con una foto de mi hija y el agua o el libro que dejé ahí por la noche. Ahí no. Ahí veía objetos que no quería ver. Con viento de hospital subrayaba en estos diarios “La lógica del comportamiento se me escapa” y me sentía acompañada”.

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En muchas ocasiones y por días continuos, después de que me despertaran, era esa una de las primeras vistas que tenía a la mañana. Tanto así que a pesar de tener que estar desconectada, tenía por supuesto mi teléfono, como para por ejemplo, ver la hora, y así le tomé una foto a uno de los libros que leía por esos entonces. Nunca había pensado en la primera vista al despertarme, en cómo eso puede estar definiéndome transitoriamente. En mi casa mi primera vista es la mesa de luz con una foto de mi hija y el agua o el libro que dejé ahí por la noche. Ahí no. Ahí veía objetos que no quería ver. Con viento de hospital subrayaba en estos diarios “La lógica del comportamiento se me escapa” y me sentía acompañada. Es el primer tomo de sus diarios, no es mi favorito, tiene varios tomos, no los leí en orden y prefiero los de 1925 a 1930. Pero no por eso deja de parecerme una tremenda a la que nunca puedo parar de leer. Es con la que sentí que aprendí a escribir. Y algo que me provocó escalofríos es que desde febrero de 1915 a agosto de 1917 no escribió nada, porque cayó internada por una de sus crisis y no le permitían escribir porque eso la excitaba. Cuando retoma el diario no hay una sola palabra de eso, es la editora del libro la que te lo narra. Más adelante Virginia lo terminó haciendo y también se ve en sus novelas, pero en un principio ni siquiera lo hizo en un diario personal, eso de poner la enfermedad en primera persona. Por eso hablo de esto acá porque estos temas parece que hay que guardarlos en el hueco de un tronco y que te los custodie el árbol. Que nadie sepa. Que nunca hablar porque es exponer. Mientras nos exponen frivolidad hasta las costillas. Está bien mostrar tu pareja, tus hijxs, el cuerpo de gimnasio, la ropa, la plata, la fiesta, el trucho reviente, pero ante enfermedades psíquicas, y el dolor: que exista una nueva boca cerrada. No me da vergüenza, ni tampoco es desahogo. Es usar la palabra para otrxs, y también para mí. Abro la boca y se me revela sola. Me quiero tocar las manos y se me adelantan en movimiento. Cuando salí, arranqué de las matas y llené las páginas de hojas verdes. #VirginiaWoolf @treshermanas_libros

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“Es el primer tomo de sus diarios, no es mi favorito, tiene varios tomos, no los leí en orden y prefiero los de 1925 a 1930. Pero no por eso deja de parecerme una tremenda a la que nunca puedo parar de leer. Es con la que sentí que aprendí a escribir. Y algo que me provocó escalofríos es que desde febrero de 1915 a agosto de 1917 no escribió nada, porque cayó internada por una de sus crisis y no le permitían escribir porque eso la excitaba. Cuando retoma el diario no hay una sola palabra de eso, es la editora del libro la que te lo narra. Más adelante Virginia lo terminó haciendo y también se ve en sus novelas, pero en un principio ni siquiera lo hizo en un diario personal, eso de poner la enfermedad en primera persona. Por eso hablo de esto acá porque estos temas parece que hay que guardarlos en el hueco de un tronco y que te los custodie el árbol. Que nadie sepa. Que nunca hablar porque es exponer. Mientras nos exponen frivolidad hasta las costillas”, continuó la guionista.

Y finaliza: “Está bien mostrar tu pareja, tus hijxs, el cuerpo de gimnasio, la ropa, la plata, la fiesta, el trucho reviente, pero ante enfermedades psíquicas, y el dolor: que exista una nueva boca cerrada. No me da vergüenza, ni tampoco es desahogo. Es usar la palabra para otrxs, y también para mí. Abro la boca y se me revela sola. Me quiero tocar las manos y se me adelantan en movimiento. Cuando salí, arranqué de las matas y llené las páginas de hojas verdes”.

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