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Santa Fe |

Inundación: “Enseñanzas de una catástrofe”

Visto lo dispuesto por el juez que atiende la causa inundaciones en Santa Fe, tal vez sea momento de tener el tiempo suficiente como para leer detenidamente el presente artículo, para poder mirar lo ocurrido con una amplitud integral. El objeto del presente documento es analizar algunos aspectos vinculados al diseño de las políticas hidrológicas e hidráulicas en la Provincia de Santa Fe, y la evaluación de su impacto sobre las inundaciones ocurridas en el mes de abril del año 2003; como consecuencia de un fenómeno climático de gran magnitud, que ocasionaron el desborde del Río Salado, afectando a zonas urbanas, en particular a la ciudad capital, y provocando anegamientos también en zonas rurales del territorio provincial. Ante todo, es un deber aclarar al lector, que muchas consideraciones han sido posibles abordarlas, a partir del interés del mundo científico que se ha concitado luego de dicho fenómeno meteorológico, y de las nuevas miradas que se han centrado sobre la influencia de los cambios ambientales en la región. ANTECEDENTES: En este sentido debemos tener en cuenta, en primer lugar, las características propias de los eventos, el orden cronológico natural de los mismos -es decir su recurrencia-, y lo complejo que resulta el análisis del monitoreo, la previsión o alerta, y la proyección técnica de las soluciones (que abarcan desde la planificación integral del manejo de las cuencas hídricas, hasta el seguimiento del estado de las obras de infraestructura viales o de defensas construidas o a construirse, frente a nuevos parámetros de diseño, que inexorablemente deberán considerar las pautas de mutación climática y su influencia en la región). Poder contemplar y llegar a tiempo para paliar los fenómenos de excesos o déficits hídricos es una tarea que, descontando la elaboración de un plan integral, insume mucho tiempo, políticas de estado, recursos humanos capacitados, equipamiento, tecnología, y enormes esfuerzos presupuestarios durante varios años. En general las estrategias de trabajo que caracterizan a los organismos especializados de nuestro país, no tenían en cuenta integralmente la problemática (por un lado hidrólogos e hidráulicos y por el otro meteorólogos y climatólogos). De allí las emergencias que se suceden, por ejemplo las acontecidas en las provincia del Chaco y Buenos Aires durante los años 80´, donde quedaron inundadas grandes extensiones de suelo productivo, poblaciones aisladas o bajo agua, vías de comunicación interrumpidas, etc, causando grandes problemas sociales, ingentes pérdidas económicas y deterioro de suelos productivos. También en esta situación se encuentran actualmente las provincias del Chaco y Salta al norte, precisamente en Tartagal. No obstante, este evento ocurrido en Santa Fe, -que desde ya- podemos catalogarlo sin ninguna clase de dudas como anormal, extraordinario y excepcional; resultando su imprevisibilidad, mas que por el hecho en sí mismo, por su magnitud, a tal punto que pudimos ver superadas las respuestas técnicas que, hasta ese momento se contaban, se conocían y se disponían, tanto en el estado como en el sector privado y en el mundo del conocimiento científico, al menos en nuestro país. El segundo aspecto a considerar es el relativo a las distintas funciones en los cuales se encontraron inmersos los organismos técnicos específicos de la nación, la provincia y el municipio santafesino, al momento de la catástrofe. A priori coincidiremos que se estuvo en los límites del conocimiento e información sobre lo que luego ocurriría, y por ello quizás se sufrieron algunos desfasajes al no ser plenamente abarcativos en el manejo integral de los fenómenos hídricos y sus consecuencias; dejando de lado y reconociendo el esfuerzo que sus miembros pudieron realizar para dar una respuesta precisa en cada momento, lugar y circunstancia. Demás está decir que la actuación personal de los funcionarios provinciales encargados de enfrentar la emergencia, también superaron las capacidades y recursos del estado, y por ello, las perdidas materiales y en vidas humanas no fueron aún mayores. No fue así, la actuación de los funcionarios nacionales, a excepción de los Ministros de Salud, de Justicia y de Desarrollo Social y de los funcionarios de la Subsecretaría de Seguridad Interior y de la Dirección Nacional de Protección Civil; y los funcionarios municipales que en algunos casos, dejaron mucho que desear, aunque probablemente hayan sido superados. A este último aspecto voy a dedicarle especial atención, teniendo en cuenta que, creo contribuir (ex post) a la comprensión complementaria del tema que nos ocupa, esto es: las inundaciones ocurridas en el mes de abril del año 2003, que, en forma excepcional e imprevisible -reitero-, afectaron la trama urbana de la ciudad de Santa Fe y sus alrededores. LOS ORGANISMOS NACIONALES Y MUNICIPALES: La Nación a través de la “Subsecretaría de Recursos Hídricos”, es la encargada de fijar las políticas en materia hídrica en todo el territorio nacional, establece sus planes estratégicos, orienta el financiamiento y coopera con las provincias y los entes municipales en la mejor tarea de ejecutar las obras necesarias para solucionar los distintos problemas y desafíos derivados del recurso agua, sobre todo cuanto este es compartido y de uso común a otras jurisdicciones provinciales. En aquellas trágicas jornadas de abril, los responsables de esta área brillaron por su ausencia. En ese sentido, les cabía una importante ya que en la Dirección Nacional de Políticas, Coordinación y Desarrollo Hídrico, funciona el Programa “Gestión de Recursos Hídricos Interjurisdiccionales” que tiene a su cargo la tarea de coordinación de los trabajos de monitoreo que se ejecutan en todas las cuencas, entre ellas el “Comité de Cuenca del Río Juramento-Salado” creada en 1971 y la “Comisión Interprovincial del Río Juramento” que la componen las provincias de Salta, Santiago del Estero y Santa Fe. (ver página web: www.hidricos.obraspúblicas.gov.ar , donde se pueden advertir claramente las competencias del estado nacional en la materia). También en el orden internacional, y entre los países firmantes del “Tratado de la Cuenca del Plata” funciona el CIC (Comité Intergubernamental Coordinador de los Países de la Cuenca del Plata) cuya página web es: www.cicplata.org , a la que me remito. . La ley 23027 de Creación de la “Comisión Nacional del Tratado de la Cuenca del Plata” y de creación del “Comité Hídrico de la Cuenca del Plata” , determina con claridad las funciones de los organismos nacionales en materia de monitoreo, planificación y ejecución de las políticas hídricas para los afluentes al Río de la Plata, entre los que se encuentra el Salado, por supuesto. La provincia de Santa Fe, se integra en los llamados comités de cuencas hídricas, por imperio de la ley local 6837, y específicamente participa en la del Río Pasaje Juramento-Salado, designando representantes ante dicho organismo coordinador. Fue así como se dio origen a los organismos institucionales encargados del monitoreo y seguimiento de los cursos de agua que se conectan con el río Paraná, hasta su desembocadura en el Río de la Plata. Dichos organismos, tienen a su cargo específicamente la tarea de fijar las políticas, las estrategias, la identificación del financiamiento y seguir los movimientos, estudios e investigaciones de este río el Salado, e informar a las provincias y ciudades sobre su comportamiento. Además, el “Instituto Nacional del Agua” (Ex INCYTH), tiene una delegación en la ciudad de Santa Fe, encargada del control y seguimiento de los cursos de agua de la región litoral; y a nivel nacional con competencia en todo el territorio del país, se encuentra un área específica que es la “Dirección de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico”, cuya principal función es la de coordinar con los organismos provinciales la información sobre alertas meteorológicos, pronósticos de lluvias y tormentas, velocidad e intensidad de los vientos, alturas, caudales en toda la cuenca del Plata; es decir específicamente también sobre el río Salado, y en coordinación con el “Servicio Meteorológico Nacional” , que hoy depende de la Fuerza Aérea Argentina. Dicho sistema de alerta, dispone de una Red para la Cuenca del Plata, denominada COAH (Centro Operativo de Alerta Hidrológico) que funciona sin interrupciones desde 1982 a la fecha, bajo la responsabilidad exclusiva del INA (ver página web: www.ina.gov.ar ). En lo que respecta a la Municipalidad de la ciudad de Santa Fe, en el mes de julio de 1994 se crea el CIMA (Control de Inundaciones y Medio Ambiente) ; como el organismo que tiene por objeto vigilar la integridad de las defensas, los sistemas de bombeos y un sistema de alertas sobre posibles riesgos hídricos, lo que en conjunto con la provincia y la nación, funciona con cierta coordinación (ver Decreto DEM 00042/2000). Incluso hasta por ordenanza 10129/96 del H. Concejo Municipal, fue creada la “Comisión Técnica Permanente de Fiscalización, Mantenimiento y de Mejoramiento de las Defensas contra las Inundaciones existentes en la ciudad” , la que elaboró un programa de mantenimiento de obras a aplicar cuando se produzcan las transferencias de la totalidad de los terraplenes al municipio, por Resolución nº7100 del 19/12/96. Dicha comisión fue constituida por Decreto del Intendente Municipal nº00955 del 27/11/97, y participaron representantes del gobierno municipal, provincial y hasta expertos de la Universidad Nacional del Litoral, la que designó al Vicedecano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas, por Resolución (UNL) nº574 del 27/10/97, para que la integre. Es decir, se advierten organismos específicos para atender cualquier emergencia por parte del Municipio y de la Nación, e incluso para alertar primariamente el eventual ocurrimiento de algún suceso hídrico; pero lo que realmente es necesario profundizar son los mecanismos y procedimientos de actuación conjunta, para ocasiones de emergencias, y así disminuir o evitar los posibles daños en la población civil; con planes de gestión de crisis y preparación de los distintos actores, como se ha anunciado recientemente por la Municipalidad de Santa Fe, que ha aprobado su “Plan de Contingencia” y establecido lugares para albergues inmediatos en caso de evacuación, suficientemente adecuados y preparados, con personal entrenados y de rápida movilización o traslado. Demás está decir, la necesaria interrelación e integración de las agencias gubernamentales como la “Secretaría de Ambiente Humano y Desarrollo Sustentable de la Nación” , la CONAE y la “Dirección Nacional de Vialidad” , entre otras, con las respectivas jurisdicciones del estado provincial y municipal, a fin de realizar tareas permanentes de actuación conjunta, en prevención; y eventualmente con las encargadas de poner en funcionamiento los sistemas de emergencias, una vez que estas suceden como lo es el “SIFEM” (Sistema Federal de Emergencias) a nivel nacional, para atender eficazmente las distintas variables e intensidades de una catástrofe. CONCLUSIONES: Cada gobierno en su nivel y esfera territorial deberá modificar diversos aspectos tácticos para permitir una mayor eficiencia en el sector hídrico, pero el estado debe mantener sustentabilidad y prioridad presupuestaria a la hora de atender los nuevos requerimientos que devienen del cambio climático y de las nuevas tecnologías para su adaptación. La experiencia analizada brevemente, nos permite día tras día ver como, ante sucesos que ocurren en países mucho mas desarrollados y con suficientes recursos, los desastres naturales también ocurren y nos igualan en el drama, como el “Katrina” en New Orleáns (USA), las aguas inundando la ciudad de Praga en Checoslovaquia y recientemente el Danubio irrumpiendo sobre Dresde en Alemania. Ello, nos determina la necesidad de poner mayor énfasis en planificar la prevención, el proceso de mitigación y en la coordinación de las respuestas acordes ante casos de catástrofes naturales y sus emergencias derivadas. Quizás no sea posible presupuestar catástrofes, pero si prever sus dañosas consecuencias, y adelantarnos con toda la información disponible, colocando mas satélites en orbita, instalando mas radares y aforando los cauces de los ríos para medir su comportamiento. Por lo expuesto considero que, frente a hechos como los ocurridos en la ciudad de Santa Fe, el estado nacional debe alertar, informar y comunicar con certeza y rapidez, a los gobiernos provinciales y municipales sobre el ocurrimiento y magnitud de los fenómenos climatológicos o meteorológicos, a fin de trabajar mucho más eficazmente en la previsión y disminución de riesgos, como primera conclusión. El estado central, cuando de ríos que atraviesan varias provincias o naciones se trata, debe trabajar asociado y en línea con los involucrados, en los tiempos previos, no solo asistiendo a posteriori de los hechos. No puede ser que exista en el país, un solo radar hidrometeorológico (EZEIZA) con alcance de tan solo 200 a 400 kilómetros, deben instalarse muchos más en los lugares críticos, e incluso debe ser de fácil acceso para todos los municipios, productores, empresas privadas, cooperativas, etc.; y las imágenes satelitales deben estar en red de Internet a fin de realizar los seguimientos y monitoreo de las grandes tormentas y fenómenos climáticos por los centros de alerta y demás actores o protagonistas del hecho climático o hidrológico. Esto ha quedado evidenciado fuertemente en la catástrofe de Santa Fe, falta un acceso inmediato a la información disponible y en ello el mundo científico tiene una gran deuda con la sociedad. En segundo lugar, este mundo del conocimiento que, en las ciencias de la atmósfera ha avanzado y muchísimo, debe hacernos llegar con mayor certeza y celeridad cuales serán los escenarios futuros inmediatos, para que los decidores políticos tomen los recaudos pertinentes en tiempo y forma. De nada vale que los hidrólogos o hidráulicos informen a las autoridades cuando han ocurrido los hechos, porque los daños ya se han ocasionado y sufrido; y los científicos deben saber que son ellos los que tienen la obligación de advertir con suficiente anticipación sobre los problemas que se pueden presentar ante fenómenos naturales hasta ahora desconocidos. Si somos capaces de integrar el conocimiento científico con quienes toman las decisiones gubernamentales, podremos avanzar en la prevención y así menguar los riesgos ante nuevos desastres naturales. Además se deben mejorar los controles y sistemas de información y monitoreo en las alertas hidrometeorológicas de la “Cuenca del Plata”; y llevar adelante e impulsar una fuerte política por parte de los entes municipales y comunales, en regular los asentamientos urbanos fuera de las zona de riesgo, para no aumentar los niveles de peligro de sus habitantes. Esta es la tercera conclusión y de singular importancia. Cuarto, reitero que en el caso de la inundación de la ciudad de Santa Fe en el año 2003, se advierte una concurrencia de múltiples factores, donde predomina indudablemente una causa natural producida por intensas lluvias jamás vistas, tal vez unida a la presencia de un puente de pequeñas dimensiones en la Autopista Rosario-Santa Fe, sobre el río Salado, con una luz de abertura varias veces inferior a lo que el caudal del río trae ahora como consecuencia de haberse alterado el régimen de precipitaciones a raíz del cambio climático que se ha operado en la región, y que actuara de dique o embalse de las aguas que, en retroceso de su ola de crecida, luego rompieron las defensas construidas y entraron en la ciudad mas al norte. Por último, creo que no entrando en el facilismo de criticar sin antes estar convenientemente informado, y no dejando de advertir que el desafío de los científicos y de los gobernantes a partir de ahora, es estar suficientemente informado para tomar las medidas que corresponden a los nuevos tiempos que corren, concluyo en que inexorablemente debemos incorporar una variable más en todo el análisis de lo ocurrido en Santa Fe, sabedores ahora sí que el pasado y las experiencias del ayer, puede que no se correspondan con las exigencias del mañana. Esta es la principal lección que nos ha dejado la inundación del 2003 en la ciudad de Santa Fe, de allí en más el devenir, que siempre será más provechoso, si las enseñanzas, aunque dolorosas, han sido aprendidas.
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