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Jueces, causas, corrupción y después...

El espionaje y sus implicancias en la justicia no son ajenas a la historia del mundo. Pero nuestro país está escribiendo en pleno siglo XXI sus páginas más oscuras.

El sometimiento a juicio de un ex presidente de la Nación tampoco es nuevo en la Argentina, antes pasaron por los estrados judiciales, Carlos Menem y Fernando De la Rúa, en los últimos años. Pero es indudable que esta aparición en los Tribunales de presidentes y sus ministros junto a empresarios ligados a la obra pública devuelve una imagen de alto impacto político.

Por otra parte, nadie duda que la ingeniería mediática de estas causas pretendía un efecto en el electorado a uno y otro lado de “la grieta” (otra obra ingenieril mediática). Sin embargo, tras los desaguisados del único juez al que ¿“por sorteo”? le “cayeron” las causas más emblemáticas basadas en fotocopias; parece que las consecuencias no son las esperadas por los “armadores” judiciales.

Más allá del mensaje de las urnas en las PASO, lo que queda claro es que estas “causas emblemáticas” prolíficas en fotocopias y escuchas, contribuyeron a debilitar aún más la credibilidad que tiene la Justicia hoy para los argentinos. La sociedad toda descree de los jueces según la causa que se invoque.

Lo que ha quedado finalmente a la vista es la falta de confianza en las instituciones de los tres poderes del Estado. Queda claro que solo procesos transparentes, en tiempo y forma, devolverán la fe en la Justicia y en la democracia, pero quien debe rendir cuentas al ciudadano es el poder político

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