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La explotación de litio deja sin agua a los pobladores en Chile

El problema se encuentra en Atacama, donde las compañías extren 2000 litros de agua salada por segundo lo que genera el faltante del recurso.

La flora, la fauna y los habitantes del desierto de Atacama que han podido, a lo largo de generaciones, adaptarse a las condiciones estériles del lugar, cuentan con un poderoso enemigo: las compañías mineras.

Uno de los habitantes de Coyo, una de las 12 aldeas del desierto, contó un reportaje de Deutche Welle que “antes de que llegaran las mineras acá había mucha agua. La minería ha consumido las napas subterráneas, sacan agua de un río de otro sector también y no llega acá el agua que corresponde”.

En tanto, Vladimir Reyes, uno de los mayores de la comunidad de Coyo, manifestó que “para nosotros como likan-antai (etnia atacameña) es muy importante el agua. No solamente el agua en relación a lo que es mantener nuestras costumbres mediante la agricultura, sino que también porque el agua es vida”.

El agricultor enseñó las marcas en el canal de riego que muestran los niveles de agua más altos en tiempos pasados. “Muy pocos campesinos pueden vivir de la agricultura. En la actualidad, los jóvenes han tratado de ir aprendiendo sobre la agricultura, pero se ven con el obstáculo de que el agua es cada vez menos. Ese es principal daño que nos están haciendo las empresas mineras”, afirmó Reyes.

Chile tiene una de las mayores reservas de litio del mundo. Para extraer esa riqueza, el líquido bombeado se deja expuesto al sol del desierto hasta que se haya evaporado el 95% del agua.

El litio se separa del residuo mediante un proceso químico y se convierte en los compuestos para baterías recargables.

Las dos compañías mineras que operan en Atacama, la chilena SQM y la estadounidense Albemarle, extraen cada año más de 63 mil millones de litros de agua salada de las capas más profundas del desierto, es decir, casi 2 mil litros por segundo.

Además, muchos de los habitantes de Atacama ven que el cambio climático está acelerando la escasez de agua en el desierto.

“Nos vinieron a decir que la solución eran estos autos eléctricos, la salvación del mundo y todo, pero en realidad no es la salvación. La salvación es la conciencia de cada ser humano, que sepa respetar este territorio como lo respetamos nosotros. Si todos tomáramos conciencia de respeto hacia la tierra, no tendríamos que decir que los autos eléctricos van a salvar el planeta”, dijo Jorge Álvarez Sandon, de la comunidad de Coyo.

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