Opinión | Antonio Rico | Causa Cuadernos

La fábula de los cuadernos renacidos

Los cuadernos resucitados de sus cenizas, a cuatro días de las elecciones, se convirtieron en otra operación de campaña con el sello de fraude

Indudablemente algunos sectores necesitan que los tiempos de latrocinio continúen y para eso no ahorran afanes: mienten, tapan, silencian, confunden, distraen. Y los que deberían, o sería esperable, que levanten la voz desde algún medio, tienen más miedo que coraje cívico.

Así la farsa de los Cuadernos escribió otro capítulo, especialmente dedicado a que lo crea la pobre inocencia de la gente. Es tanto el delirio y la perversidad que pretenden que confiemos en el milagro del Ave Fenix, realizado en los cuadernos Gloria de un modesto chofer.

Y aquí hay que reconocer que estamos frente a un invento genial: cuadernos “renacidos”, de un chofer devenido en escritor y oficial de inteligencia, pero mentiroso y todo visto en la lupa del diario La Nación. No hay tiempo para pericias, sólo hay tiempo para empañar un acto eleccionario, para desairar la voluntad popular.

Si no fuera grosero, sería hasta chistoso, el largo desfile de empresarios “arrepentidos” (Roggio, Pescarmona, Lascurain, Rocca, Valenti, Clarens, Chediak, Wagner, Neira, Glazman, Eurnekian y tantos más) acusados con fotocopias, para condenar a una expresidenta.

El renacimiento de los cuadernos se parece a un correctivo a la voluntad de un pueblo. Una patraña montada por unos pocos para ensombrecer el futuro … si no fuera dramático sería hasta cómico.

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