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La Feria del Libro de La Habana, una fiesta popular

El evento cultural más importante de la isla adquiere un ritmo vertiginoso y los cubanos lo viven como una verdadera celebración. Disfrutan absolutamente todos los espacios de este fuerte, aunque enfrente no se vea alterado el ritmo de vida de la ciudad, con sus autos antiguos y sus tiempos desacelerados. "Esta es la feria gastronómica del libro", afirmó una morena cubana, de amplia sonrisa, mientras recorría con su grupo de amigas los cientos de puestitos de comidas de lo más variado que comparten un espacio protagónico con las muchas editoriales de libros presentes en la Feria de La Habana. Desde su apertura hasta el cierre, durante diez horas, son miles los cubanos que elijen su almuerzo o merienda de una amplísima carta callejera. El arroz frito con verduras, pan con lechón, sándwiches de cerdo, pastelitos, helados de Coppelia, cacahuates en rollitos de papel, granizado con piña o unas bolitas de harina saborizadas llamadas ’pelli’, son algunos platos que tiñen la feria de intensos y variados aromas y colores. Inusual para un encuentro de este tipo, la feria se desarrolla en la imponente fortaleza militar San Carlos de la Cabaña, una construcción del siglo XVIII ubicada frente a la costa habanera, a la que se llega por un túnel subterráneo que atraviesa la bahía y que Ernesto "Che" Guevara utilizó como centro de comandancia apenas comenzó la revolución cubana. El evento cultural más importante de la isla adquiere un ritmo vertiginoso y se lo vive como una verdadera fiesta por los cubanos, quienes disfrutan absolutamente todos los espacios de este fuerte, aunque enfrente no se vea alterado el ritmo de vida de la ciudad, con sus autos antiguos y sus tiempos desacelerados. En las dos primeras jornadas, desde su apertura al público, los organizadores calcularon que unas 150 mil personas visitaron la feria, que se realizará hasta el 18 de este mes en La Habana y que luego se trasladará a otras 40 ciudades del interior. "Esta es la casa de Santa Fe en la que vivía el Che", explica con inconfundible acento cubano una madre a su hija, mientras recorrían la réplica de la casa del revolucionario argentino, en el pabellón que instaló esa provincia. Afuera, en las plazas internas del fuerte, en los balcones y callecitas, muchos niños remontan barriletes, otros se trepan a los cañones y algunos padres leen cuentos a sus hijos sentados en su regazo, mientras una nena pasa la vista con mucha atención por el póster que compró a un peso convertible (un dólar) en un stand argentino y que le explica el origen de su nombre, Rufina. De repente, en pleno día, soldados vestidos a la usanza hacen sonar sus tambores y miles de cubanos salen corriendo para ver la ceremonia del cañonazo, un antiguo ritual de cuando La Habana era una ciudad intramuros, que anunciaba a los habitantes el inminente cierre de puertas de la fortaleza y que actualmente, luego del estruendo, provoca los gritos y aplausos de todos. "Es la primera vez que venimos a pasar la feria, estuvimos todo el día, hicimos picnic, compramos libros que están muy baratos y ahora estamos descansando un poco de hacer tantas filas", dijo a Télam Magale, una robusta cubana, sentada cerca de unos árboles junto a sus hijos de entre cinco y doce años. Su hija, Liz Mairi, exhibía orgullosa los libros de historietas de "El dorado" y de "Pollitos en fuga", mientras el más pequeño de los hermanos anunciaba a viva voz: "Señora, señora, yo tengo el de Superman y el de Harry Potter". Los títulos de literatura infantil son los más vendidos en la feria, ya que los visitantes los compran de a 10 o 20, entre los que se cuentan los educativos, para colorear, cuentos y hasta sopas de letras, que cargan de regreso al hogar en bolsitas de plástico. Tatiana se tomó la "guagua" desde su casa en el barrio de Bonavide para llegar a La Cabaña. "Ahora nos vamos a ver un show de payasos o algo así. Venimos siempre, pasamos todo el día, nos encontramos con gente, compramos libros; casi todos salen dos pesos moneda nacional. A mi hija le compré éste que es muy bueno", sostiene la mujer de luminosos ojos celestes mientras señala "La ira del cordero", del cubano Alexis García Artiles. Se oyen risas de un grupo que sigue atentamente con la mirada el trabajo en el momento de un dibujante, quien colocó en su stand la divertida leyenda: "Su caricatura personal al momento, por 10 cañitas. Al feo lo hacemos feo y al lindo, feo igual". Casi llegando al fondo de la fortaleza se encuentran las emblemáticas "Librerías 1 y 2", donde sobresalen entre la multitud los jóvenes trabajadores sociales, identificados por sus camisetas rojas y azules, mientras tratan de poner un poco de orden a las extensas filas de personas que esperan para comprar en el pabellón de máxima variedad de obras nacionales, que se venden exclusivamente en pesos cubanos. La editorial Vigía, un sello de libros artesanales fundado en 1985 en la localidad de Matanzas, montó un atractivo stand en el que sobresale un fantasioso paisaje de colores y la imagen angelical de una mujer vestida con retazos de diversos géneros y unas alas de mariposa de tul, pintadas en la pared. "Vendemos libros hechos netamente a mano y con recursos naturales, como papel reciclado, cartón, desechos o semillas. Se hacen solamente 200 ejemplares de cada uno, que puede ser poesía, cuento, ensayo, narrativa y materiales para niños", dijo a Télam Avilia Tellería, la encargada del espacio. En otro sector, grandes y chicos participan por igual de la propuesta del "Mirador La Habana" que ofrece, desde su elevada ubicación, reconocer el lugar exacto de algunos edificios emblemáticos de la ciudad, como la Plaza de Armas, la cúpula de la Catedral, el Monumento a José Martí o el Hotel Nacional.
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