Distanciamiento 18 de junio 2020
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Las razones no sexuales para ver un filme erótico

El arte pornográfico ha tenido muchos otros sentidos además del de excitar por espejo las terminales nerviosas previo -o en lugar del- coito.

Una de las grandes preguntas del porno es para qué existe. Seguramente el lector pensará que es de Pero Grullo, que la respuesta es simple y que coincide con nuestros más bajos instintos y nuestras más altas urgencias. Pero en realidad, no. El arte pornográfico ha tenido muchos otros sentidos además del de excitar por espejo las terminales nerviosas previo -o en lugar del- coito. Incluso un sentido religioso: basta pensar en las piezas griegas que presentan el culto a Dionisos, donde el frenesí sexual llega a paroxismos terroríficos. El significado profundo de tales acontecimientos apunta a lo trascendente, representado por lo instintivo. De todos modos, esta columna no versará sobre las religiones, los mitos, los cultos o las interpretaciones que se han hecho de ellos. Solo quería acotar que la pornografía es o puede ser mucho más que la simple mostración de acción sexual.

En la industria del porno contemporánea, es evidente que prima la lógica del inmediato consumo. Así es como se ha dejado de "hacer cine" en el sentido estricto, han desaparecido -o tienden a desaparecer- las tramas y las historias. Y con ello, los personajes, porque después de todo lo único que hay son cuerpos que se mueven. De allí también que las películas porno sean una secuencia de clips de más o menos veinte minutos con una cantidad de coreografías eróticas pautada de antemano, y no mucho más. En ocasiones, son técnicamente muy competentes y la imagen generaría envidia en la mayor parte de los cineastas de bajo presupuesto del universo entero. Pero tampoco es algo demasiado importante: el fin es excitar rápido y que el espectador, "metido" más o menos en la acción, obtenga placer -digamos- con cierto matiz interactivo. Y luego, a seguir con otra cosa. Quizás con una película de verdad, por qué no.

También siempre contamos por estos pagos que hubo un cine pornográfico riquísimo en cantidad y formas, que no siempre en calidad. Las buenas películas escasean. Al respecto, una "buena película" es aquella en la que nos interesa seguir viendo, básicamente. No alcanza solo con una imagen, un plano o una secuencia: una buena película genera una ansiedad constante que nos obliga a avanzar. De allí que sean necesarios trama y personajes: la primera crea los motivos; los segundos, el puente con el espectador por natural empatía. Hay teorías al respecto, por supuesto, y existe un cine (cine con todas las letras) que puede carecer de ambas, de una abstracción extrema (pueden probar las películas de Stan Brackhage, por ejemplo, todas gratis en YouTube). Pero lo que la mayoría de las personas experimenta como "cine" -y la mayoría, por suerte, no está conformada por especialistas o gourmets- tiende al relato tradicional. Salvo, como dijimos, en el porno de hoy.

Cuando el porno aún contaba con esos elementos como algo imprescindible, se generaban películas que hoy resultan mucho más interesantes que el puro sexo que muestran. El autor de esta nota está bastante entusiasmado con una producción danesa llamada I Skorpionens Teng, que puede verse (gratis) en eroticage.net. Seguramente el lector -como el autor, dicho sea de paso- no entenderá una palabra de danés, pero eso no quita que pueda verse entera e incluso disfrutarse. Combina softcore (sexo fingido sin penetración) con hardcore (penetraciones en primer plano), pero las segundas son breves y nada molestas. La trama: una espía debe llevar una fórmula secreta a un agente del gobierno, y todo es una especie de parodia de las películas de James Bond, con personajes que parecen sacados de las comedias argentinas de los años setenta, aunque con un rodaje diez mil veces menos televisivo (y técnicamente, diez mil veces más profesional). Las chicas son especialmente lindas, y los señores, todos, muy graciosos. Los efectos de sonido recuerdan al dibujo animado, totalmente antinaturales y satíricos. La impresión general es la de gente que la estaba pasando bien y se divertía haciendo estas cosas.

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Pero hay algo más que en el porno es capital por varias razones. Como se filmaba con poco dinero, y muchas veces en locaciones prestadas y un poco a las apuradas, es el lugar donde mejor vive la imagen de época. En este caso, la película fue realizada en 1977. Las tomas en calles y edificios muestran a personas comunes caminando a la manera de extras, y no deja de tener algo de conmovedor el hecho de que se vean las modas de entonces. Porque en realidad, si bien había indicaciones de vestuario, los actores llevaban su propia ropa, a veces solo lo que tenían a mano de todos los días.

También se ven cómo eran las calles, el color de los carteles y los negocios, los hábitos de consumo. Todo eso, en una película como esta donde en realidad el sexo ocupa menos de un tercio del metraje, es más que interesante. Es una manera de espiar el pasado. Por otro lado, hay muchas secuencias que incluyen imágenes totalmente excéntricas. Una bella chica rubia totalmente desnuda cruzando una calle, por ejemplo, filmada de manera casi documental, llama la atención inmediatamente. Es parte de la historia que se narra, pero uno se pregunta si ese tipo de imágenes pueden registrarse hoy.

Otro tema: la incorrección política. Aquí hay señores que aprovechan desnudeces de modo subrepticio, aunque con beneplácito posterior de las féminas consecuentes. Esto hoy sería un escándalo desde cualquier punto de vista, pero este porno era también muy inocente ideológicamente hablando. De allí que haya villanos disfrazados de jeques árabes (más parecidos a un cuento oriental que a la realidad salvo porque, recuerden que estamos en la era de los petrodólares, son hiper mega millonarios, al menos en el contexto de esta película) y algunos chistes sobre "mariquitas" que no se entienden por el lenguaje pero sí bastante bien por las señas. La cosa es que la película resulta atractiva más por lo que rodea al sexo que por el sexo en sí, y que nos llena de preguntas sobre cómo fueron las cosas en aquellos tiempos en los que uno podía decir y mostrar cualquier cosa sin que una turba volcara sus dedos a las redes para una inquisición virtual. Pase y vea.

FUENTE: Por Leonardo Desposito para baenegocios
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