Distanciamiento 18 de junio 2020
Santa Fe | Abuso Sexual | Justicia | Rosalía Jara

Maldonado, Rosalía Jara y la "Desaparición forzada de personas"

Rosalía Jara, de 19 años y madre de una niña de 6 , desapareció el 1° de julio de 2017 en la localidad de Fortín Olmos. Exactamente un mes después, el 1° de agosto, en las adyacencias de Cushamen, Chubut, Santiago Maldonado, de 28 años, desaparece luego de que Gendarmería reprimiese el corte de la ruta nacional 40 en la que integrantes de la comunidad mapuche realizaban un piquete en reclamo por tierras que reclamaban de "propiedad ancestral".

La Asociación Civil Democracia Directa, presidida por Carolina Walker, abogada querellante de la familia Jara, pedirá una exhaustiva investigación del accionar del Estado y sus agentes.

Depende el color de piel con que se mire

El cuerpo de Maldonado fue encontrado, 77 días después, a orillas del río Chubut. En el medio, miles de argentinos y en todo el país se movilizaron para exigir la aparición con vida de Santiago, primero, y el esclarecimiento de los hechos, después. El caso llegó, hasta la Comisión Contra la Desaparición Forzada de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (OEA). El hallazgo del cuerpo ocurrió luego de cinco rastrillajes realizados por fuerzas de seguridad y expertos, ordenados por la Justicia. Rosalía, no conmovió a la opinión pública ni publicada, siquiera en su propia provincia. El 26 de agosto de 2018, casi 500 días después de su desaparición, los restos óseos y partes de las prendas que vestía fueron encontrados por cazadores, de manera fortuita, en un campo cercano adonde había sido vista por última vez.

Dos vidas, dos historias, dos familias, dos jóvenes cuya vida se extinguió tempranamente. Dos reacciones sociales absolutamente distintas.

Dos repercusiones políticas y culturales antagónicas en cuanto a la resonancia solidaria de la población.

Dos reacciones opuestas del Estado ante una misma situación históricamente sentidas para el país: “La desaparición forzada de personas”. Presumida, rápidamente, por la sociedad y el propio Estado, en el caso del militante social y puesta en duda en el femicidio de Rosalía, al día de hoy, a pesar de las sólidas pruebas, no solo contra quien sería el matador, Juan Valdez profesor y padre de la niña concebida cuando Rosalía tenía 15 años.

El Estado de terrorismo

Los tres poderes del Estado, intervinieron en una cadena de encubrimiento que van del abuso sexual probado y comprobado de una niña de 15 años, que 4 años después es vista, por última vez, subiendo al auto de su profesor abusador, hasta que es hallada 14 meses después muerta debajo de un puente.

Lo que deberá determinarse, posteriormente, dentro de un encuadre distintos de la jurisprudencia de la lesa humanidad y el terrorismo de Estado que tiene como víctima, ya no a grupos políticos e ideológicos vulnerables por disparidad de fuerza, sino un colectivo social cruzado por su condición de género, cultural y económica sobre quienes se aplica la misma técnica de sumisión y subordinación que actúo en forma sistematizada durante las últimas dictaduras militares.

Lesa Humanidad

Todo indica que Juan Valdez fue el femicida material de Rosalía Jara. Lo que resta dilucidar, no sólo en lo jurídico sino también en lo político son las condiciones en que se perpetra un crimen tan aberrante cometido por quien quiso y pudo sostener un sometimiento sobre una niña, desde sus 12 hasta los19 años, utilizando al Estado para cometer una cadena de crímenes que terminan en el asesinato y desaparición forzada de una mujer. Abusarla sexualmente desde sus 15 años – por lo menos- desde una situación de poder, de fuerza y jerarquía – al ser su profesor- contar con la indiferencia del sistema escolar, sanitario y judicial que naturaliza el embarazo de una menor y no pregunta, no indaga y abandona.

Pero el Estado también pudo ser responsable, a través de la participación de integrantes de las fuerzas de seguridad. Fue un agente policial quien avisa a Valdez que estaba siendo buscado y que irían a detenerlo por lo que se desembaraza del celular y pruebas que podrían incriminarlo. Ahora, ese acceso a una información crucial ¿Puede haber determinado que también descarte el cuerpo de la joven o que ante el apremio decida asesinarla? El resultado de la autopsia del cuerpo encontrado no pudo determinar la causa de muerte de Rosalía, sólo identificó una fractura en su cráneo ¿Cuando murió Rosalía? ¿Pudo el Estado haberla salvado si en vez de encubrir actuaba de inmediato y quizás hallaba a la víctima agonizando?

El objetivo de los desaparecedores

La desaparición forzada de Rosalía se concreta en la no búsqueda inmediata y urgente por parte del Estado actuando con celeridad y premura desde sus tres poderes.

La desaparición forzada, cómo método criminal y desde la teoría mesiánica del nazismo adoptada por el Estado argentino durante la última dictadura militar, tiene un fin que es someter a un colectivo bajo la extorsión de que accionar, protesta o presión puede derivar en la decisión del captor de matar a su víctima.

La desaparición, la incertidumbre – durante 500 días- de si Rosalía estaba viva o muerta, no sólo repercutió en la investigación de su asesinato, sino que sometió al terror y sumisión, también de su familia. Tenían la terrible esperanza que, dada su vulnerabilidad e historia de vida, pueda ser víctima de trata de personas o forzada a la prostitución pero que esté con vida.

Esta realidad no pudo existir sin la participación del Estado – por acción o inacción.

Santiago Maldonado, víctima de la crueldad del Estado en una represión desproporcionada que terminó en su muerte, difícilmente puede encuadrar como “desaparición forzada de persona”, pero rápidamente a logrado esa categoría. No por el hecho en sí, sino por su empatía con el dolor y padecimiento del otro.

Su condición de militante político y adhesión a causas reivindicativas vinculadas al ancestral genocidio de los pueblos originarios, dan el contenido a una historia con característica épicas que resultan atractivas para la masa, sobre todo progresista de clase media y también para sus detractores que dan intensidad y cuerpo al debate de “no ideas”.

Cuestión de clases y clasificaciones

La sufrida vida de una joven extremadamente carente de recursos materiales y culturales. Con un abuso sistemático de su físico desde pequeña -a su condición de mujer-, madre adolescente, nacida y criada en un entorno familiar de debía sobrevivir en un territorio olvidado y humillado de la rica provincia de Santa Fe. Habitante de un pueblo cuya historia, desde su propio nombre – Fortín Olmos – está anudada al aniquilamiento físico, cultural y racial de los aborígenes, cuyo resultado puede verse en el rostro, de facciones indígenas, de la propia Rosalía, no es apetecible para el gran público.

Es incómodo para el medio-argentino, medio – incluso para el “lungo zurdo que todos” que todos llevamos dentro- oír en su propio discurso clasista -de burgués culposo argentino- que atribuye razones de “falta de voluntad” a la pobreza estructural de más de la mitad de su población.

No se trata aquí de Santiago vs. Rosalía, sino de la compresión de una nueva mirada de los Derechos Humanos, que no impugna la anterior, sino que debería tener al pasado como guía para comprender un presente en donde la violación, sistemática, de los derechos individuales más esenciales y el terrorismo de Estado, no tiene que ver – directamente- con la lucha política, sino más bien con el resultado de esa confrontación de modelos “ideales” de sociedad y en la que hubo ganadores y perdedores

Corazón que no siente, ojos que no ven

Los 30.000 desaparecidos son las víctimas políticas, directas, de ese terrorismo de Estado militarizado y Santiago Maldonado la continuidad ideológica de esa expresión cultural. Las miles, las millones de Rosalias son las consecuencia de esa derrota y de la imposición del terror y el odio sobre sectores sociales “que sobran”.

Por mujer, por joven, por tez oscura, por pobre de dinero, por carente de oportunidades y perspectivas de trascendencia social y económica. Por aniquilamiento de la estima propia y de desde la auto percepción de servidumbre, Rosalía Jara es el llamado, el grito que la clase media – intelectualmente- progresista no quiere oír, sea por culpa, intolerancia o pereza.

Un juicio histórico a la negación

Tal como manifiesta la representante legal de la familia Jara y presidenta de la Asociación Democracia Directa, Carolina Walker, en su alegato de clausura, en que remite a las pruebas que incriminan a Juan Valdez, se dirige a la sociedad para alertar, nuevamente, sobre esta tragedia de muertes de mujeres – cada vez más violentas, siniestras y más jóvenes- que no son estadísticas, sino que son la expresión máxima de la violencia machista…”ROSALÍA hoy es un símbolo de la lucha de las mujeres contra la violencia de género, necesitamos políticas de estado claras, urgentes y efectivas para paliar esta pandemia que se ha cobrado la vida de 90 mujeres en argentina en lo que va del año. Es necesario una justicia que ajuste los mecanismos del estado que hoy están fallando, que sancione duramente no solo al FEMINICIDA JUAN OSCAR VALDEZ, sino que ordene al Estado en todos sus noveles a la profundización de políticas públicas y de mecanismos de protección, investigación y reparación de los delitos de género, reconociendo la EMERGENCIA que estamos viviendo en este país, particularmente en la provincia de Santa Fe con 3 mujeres asesinadas en menos de 15 días al norte, al centro y al sur de esta provincia.” Sera Justicia.

FUENTE: Notife
Salud y  Movimiento

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