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Mentes peligrosas

Cuando la mente se siente agobiada, puede encontrar su cable a tierra en el cuerpo, que se expresa mediante síntomas orgánicos. Según médicos y psicólogos las consultas por enfermedades psicosomáticas aumentan día a día, y los tiempos que corren, insisten, son determinantes. Lo que no se dice duele en la garganta”, “las situaciones que no pueden digerirse afectan al estómago”, “la tristeza y el miedo se reflejan en la piel”. ¿Quién no escuchó alguna vez estas frases de la creencia popular, que enuncian, de modo quizás exagerado, la relación estrecha que existe entre la mente y el cuerpo? Los dichos hacen referencia a los trastornos psicosomáticos, que en el mismo nombre, psico (mente) y soma (cuerpo) expresan la mutua determinación de un binomio inseparable y protagonista de una relación que puede tornarse peligrosa. ¿Cuánto pueden influir en el cuerpo los dolores el alma, las represiones, la angustia, los nervios o los temores? “Cada cual llora a través del órgano que puede”, respondió a Info Región Rodolfo Laino, médico clínico que sostuvo que las enfermedades psicosomáticas “siempre existieron”, pero que, aseguró. “nunca, en 40 años de profesión, se ha visto tanta cantidad de personas con la mente enferma”. Aunque en algún momento la ciencia médica se resistió a admitirlo, en la actualidad ya casi nadie duda de que en muchas ocasiones las enfermedades físicas son el resultado de un desequilibro emocional, o de los efectos que un entorno desfavorable generan en el hombre. Las civilizaciones más primitivas asociaban las enfermedades a los malos espíritus y recurrían a ritos esotéricos o mágicos para exorcizarlos. En estos días, sin embargo, los fantasmas ya han dejado de ser anónimos. Se llaman estrés, ansiedad, angustia y sobreexigencia, y son nuevas amenazas para la salud en este tercer milenio. De todos modos, el debate en torno a la interrelación cuerpo-mente duró años en la historia de la medicina, que osciló entre todas las posturas. En la Edad Media se atribuyó la enfermedad al pecado, en el Renacimiento los médicos adhirieron al criterio de que las influencias de la mente en el cuerpo no tenían un sustento científico, y por lo tanto se resistieron a creer en ellas, y similar fue la postura de la medicina moderna, que postulaba “el origen de las enfermedades en la célula”. Sin embargo, la estrecha relación entre psique y soma -mente y cuerpo- ya había sido contemplada por los grandes filósofos de la antigüedad, como Sócrates, que alguna vez sugirió que “del mismo modo que no es apropiado curar los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco es apropiado curar el cuerpo sin el alma”. Lo inobjetable es que en ocasiones el cuerpo avisa, y se vale de todos sus recursos para alertar que hay un problema mucho más profundo que una erupción, un dolor de estómago o una cefalea. “Las enfermedades psicosomáticas existen, y quienes las sufren son personas que generalmente tienen una gran desconexión con el propio sentir, gente que suele no tener un registro de lo que le pasa, que no se da cuenta de que está enojada, de que está triste, que algo le molestó o que está extenuada”, indicó a este medio la psicóloga Natalia Scholnik, especialista en este tipo de trastornos. “En términos muy generales son sujetos que hacen muchos esfuerzos para adaptarse a lo que los otros necesitan o a lo que la sociedad espera de ellos. Tienen una gran necesidad de ser reconocidos desde la “eficiencia”, y el problema es que están muy alejados de sí mismos. Pierden noticia de lo que pasa con ellos, por lo tanto no pueden exteriorizarlo y entonces, lo expresan con el cuerpo”, explicó la profesional. En ese sentido, el relato de quienes sufren o han sufrido trastornos psicosomáticos confirma la palabra de médicos y psicólogos. “Hace tres años que me enfermo constantemente. Ya tuve principios de gastritis, palpitaciones, inflamaciones en distintas partes del cuerpo –que nunca supimos de donde venían- problemas musculares, molestias fuertes en la cervical y una erupción generalizada de la que jamás se conoció el origen. Mis amigos y mi familia me llaman hipocondríaco, pero yo siento los dolores, no son imaginarios. Después de estudios de toda clase y de tantas visitas a la clínica, el médico me sugirió consultar a un psicólogo, porque no había factores orgánicos que determinasen este malestar constante”, contó a Info Región Ariel A. (27), que cree haber encontrado en las primeras sesiones de diván la razón de todas sus dolencias: “Yo soy una persona muy exigente conmigo mismo, no me permito fallas, en mi vocabulario no cabe la palabra fracaso y eso es lo que me mata. La presión”, resumió. Según explicó el psiquiatra Rubén Delgado, las enfermedades psicosomáticas “están relacionadas con situaciones de estrés o distrés” y encuentran su “cable a tierra” en las zonas más débiles del organismo. “En estos casos, el aparato psíquico reacciona a través de descargas en el soma. Esas descargas emocionales impactan en alguna parte del cuerpo donde generalmente hay una debilidad conformada, y ese órgano es el que sufre”, indicó el médico, y aclaró que en la actualidad “también los trastornos psicosomáticos fueron cambiando”. “Muchas de las enfermedades que en la antigüedad eran consideradas puramente psicosomáticas hoy no se ven con frecuencia, porque se han convertido en un síntoma dentro de un complejo sintomatológico. Las crisis de pánico, por ejemplo, reemplazan hoy en día a gran parte de las psicosomáticas y son multisintomáticas. La gente sufre taquicardia, bajas de presión, desmayos y hasta cuadros diarreicos. De todos modos, el agente causal siempre es la ansiedad y la angustia”, especificó. Desde el punto de vista clínico, en tanto, Laino insistió en que “es imposible desconocer la indivisibilidad de la unidad mente- cuerpo a la hora de tratar o analizar una dolencia”. “Decir que no existen las enfermedades psicosomáticas es una falta de concepto para médicos que tratan con seres humanos. Creo que en realidad la mayoría de las enfermedades son psicosomáticas. Algunas empiezan por la mente y se trasladan al cuerpo, otras empiezan por el cuerpo y se trasladan a la mente. Si uno tiene una enfermedad grave y se trastorna o se deprime el proceso es el mismo que si uno está nervioso y sufre de dolores de estómago. Es el mismo, pero inverso”, señaló. El profesional destacó que son muchas las dolencias a las que se relaciona con trastornos psicosomáticos o que, se cree, pueden tener su origen o su desencadenante en un conflicto psíquico no resuelto, un temor o una angustia. “Una enfermedad psicosomática muy común es la psoriasis o el vitiligo, que también afecta a la piel. En el plano respiratorio una de las más comunes es el asma y después, en los que se refiere al aparato digestivo existen quienes se ponen muy nerviosos, ansiosos o angustiados y terminan con una gastritis o una úlcera”, explicó Laino. “También están las diarreas crónicas, el colon irritable, la colitis ulcerosas, la artritis rematoidea y una dolencia muy común, que es la cervicalgia. En síntesis, cada cual tiene su órgano de choque. De todos modos antes de definir que el mal tiene su origen en algo psíquico se deben realizar chequeos previos y descartar causas puramente orgánicas”, aclaró. Tal cual esbozó Laino, la piel parece ser un vocero preferencial para las dolencias de la mente. En este sentido, el jefe del servicio de dermatología del Hospital Evita de Lanús, Marcelo Errico, aseguró a Info Región que existen distintos tipos de afecciones provocadas por la psiquis en el campo de la dermis. “En dermatología tenemos enfermedades psicocutáneas o psicosomáticas que se nuclean en tres grandes grupos: las que son estrictamente psicológicas, las que se dan por la incidencia de factores psicógenos (que tienen un origen emocional o psicológico) y las que se desatan por condiciones influenciadas por factores emocionales”, explicó. En el primer grupo el médico hizo referencia, entre otras, a las lesiones autoprovocadas,“características en personas con severas afectaciones psicológicas”. En el segundo grupo, en tanto, destacó “la urticaria crónica, el prurito generalizado, la alopecia areata -vulgarmente conocida como ‘peladilla’- y la hiperhidrosis”, que es la sudoración excesiva. “La urticaria crónica está bastante influencia por factores psicógenos. La alopecia areata, que es la falta de cabello en áreas de forma circular, puede considerarse también una dolencia psicosomática. La vemos en personas de todas las edades y siempre hay un factor psicógeno que la desencadena”, explicó. Por último, Errico se detuvo en la última clasificación, donde resaltó males como la psoriasis y el acné. “Son varias las enfermedades que se dan en concisiones influenciadas por factores emocionales: la dermatitis atípica, que es la lesión alérgica más común que se conoce, el acné vulgar, que aunque se debe a un proceso genético hormonal puede verse disparado o empeorado por un factor emocional, y la psoriasis, que si bien responde también a un precedente genético, en el 99 % de los casos se despierta por una situación traumática para la persona. El vitiligo, que son las famosas manchas blancas en la piel, también podría incluirse en este grupo. En estos casos, hay una genética que predispone y un factor psicógeno que despierta el mal”, aseguró. Francisco Quintero (55) sufrió en su propia piel lo que explicó Errico, y supo que la aparición de su psoriasis a dos meses de haber perdido su empleo no fue obra de la casualidad. “Me echaron de la empresa donde trabajaba en diciembre del 2000, después de casi treinta años. De repente me vi en la calle con 48 años, con dos hijos a los que estaba ayudando a pagarse los estudios, y en medio de una recesión que espantaba. A fines de enero comencé a notar que mis codos y mis rodillas empezaron a escamarse y tenía mucha picazón. Fuí al dermatólogo y me diagnosticó psoriasis. Lo primero que me preguntó el doctor es si estaba viviendo alguna situación de estrés y le dije que sí. Estoy en tratamiento, pero lo tengo comprobado: ante situaciones de tensión los síntomas empeoran”, remarcó. El médico cardiólogo Fernando Bellisario también confirmó la incidencia de los factores emocionales en la salud cardiovascular. “El gran estrés que tiene la gente puede provocar palpitaciones, taquicardias, y dolores en el pecho, que son síntomas que se dan por un aumento del nivel de adrenalina. La persona se pone nerviosa y puede terminar con una hipertensión arterial reactiva. En este caso, un paciente que suele tener una presión de 12-7, 12-8 puede terminar con 15 ó 16 de máxima y muchos síntomas sugestivos de problemas coronarios. Pero hay que aclarar que una persona sana no suele llegar a lesiones coronarias serias por psicosomatizar. De todos modos, esto cambia y el cuadro se vuele más grave si se da en pacientes con otros factores de riesgo como el sedentarismo, la obesidad o el tabaquismo”, indicó. Los tiempos que corren, -y que corren a un ritmo vertiginoso- parecen ser determinantes para que un número cada vez mayor de personas se conviertan en víctimas de este tipo de trastornos. Desde todas las especialidades los médicos coinciden: el entorno se vuelve cada vez más hostil y amenazante para el hombre. “Las presiones laborales, sociales, familiares y todo lo que tiene que ver con el postmodernismo tiene una relación directa con estas patologías. En los últimos años aumentaron muchísimo las consultas. Muchas veces detrás de un cuadro psicosomático se esconde una depresión, enfermedad que, se cree, será la segunda causa de jubilaciones anticipadas dentro de 20 años”, aseguró Delgado. Y con él coincidió Bellisario: “Esta es una época muy difícil. En los últimos cinco o seis años, de 100 pacientes que se atienden el 30 por ciento llega con problemas de estrés, crisis de pánico o angustia”, se lamentó el cardiólogo. Por eso, los profesionales recomiendan la cautela, y advierten que aunque esté perfectamente comprobado que la mente puede provocar dolores en el cuerpo, el primer paso es estudiar al paciente en profundidad y descartar factores orgánicos encubiertos. “Nadie duda que las enfermedades psicosomáticas existen, pero a veces la falta de información y de una investigación más profunda lleva a los médicos a diagnosticar un trastorno psicosomático cuando en realidad no lo es”, alertó Oscar Corrado, miembro del Círculo Médico de Lomas de Zamora. “Si a una persona le duele el pecho no podemos quedarnos con que son los nervios. Se debe hacer un chequeo general y después diagnosticar”, sostuvo. En el caso de que se compruebe que el cuerpo es el campo de descarga de la tensión, la angustia, la preocupación o la tristeza, el paliativo vendrá entonces a través de un trabajo conjunto entre la medicina y la terapia psicológica o psiquiátrica, acorde a la gravedad de cada caso. “Si después de los estudios los médicos no encuentran una causa orgánica, deberán tratar de todos modos el problema, porque las enfermedades psicosomáticas terminan produciendo un daño orgánico. Pero se debe realizar además una terapia para que el síntoma no se profundice y para que, una vez aliviada, la persona no reincida”, señaló la psicóloga Scholnik resumiendo con sus palabras la opinión del resto de los profesionales consultados. Pese a los distintos criterios de la ciencia, la presunción de que cuerpo y mente son una unidad indisoluble se ha convertido en una verdad indiscutida. Lograr la armonía psíquica, y estar atentos al propio sentir son, entonces, las claves para resguardar también la salud física, aunque las exigencias de la vida actual, plagada de responsabilidades y de presiones de todo tipo lo conviertan en un objetivo difícil de alcanzar.

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