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Papeleras: El “No a Botnia” sonó fuerte, esta vez en tierra uruguaya. 03 de septiembre de 2007 (El Ciudadano-ei)

En un hecho sin precedentes en el mundo, vecinos de Gualeguaychú cruzaron ayer la frontera hacia Fray Bentos para protestar en suelo uruguayo contra la presencia de la planta de pasta de celulosa de la finlandesa Botnia en la región. Pese a que la movilización había sido precedida por una tensa expectativa y aun con preocupación y temor tanto en uno como el otro lado de la frontera, finalmente se desarrolló sin mayores inconvenientes y sin que se registraran incidentes. “Esto demuestra que las fronteras ambientales son más extensas que las administrativas y que la cuenca del río Uruguay pertenece a los ciudadanos y no a los gobiernos o las empresas como Botnia”, proclamó Juan Ferrari, asambleísta de Gualeguaychú y uno de los organizadores de la movilización transfronteriza. Las columnas de automóviles desde Gualeguaychú hacia Fray Bentos comenzaron a movilizarse puntualmente a las 8 de la mañana, pero sólo pudieron concentrarse en la ruta uruguaya de acceso a Botnia (a dos mil metros de la zona de aduanas y migración) a las 12, por un riguroso control de seguridad dispuesto por el Ministerio del Interior de la República Oriental. De igual modo, más de 300 vehículos cargados de familias que viajaron a manifestarse lograron superar todos los trámites de rigor, y más de 200 quedaron del lado argentino para no demorar más el tránsito vehicular. El acto de protesta se inició luego de entonar los himnos nacionales de la Argentina y Uruguay, y tras un rotundo “Fuera Botnia” que se repitió a lo largo del día, los ambientalistas, la mayoría entrerrianos pero también con una fuerte presencia uruguaya, leyeron una proclama antes de desconcentrarse, en la que cuestionaron fuertemente a los presidentes de ambos países. Una larga columna de manifestantes argentinos atravesó el puente internacional General José de San Martín entre las ciudades de Gualeguaychú y Fray Bentos en repudio de la instalación de la planta de celulosa de Botnia, que en pocos días, a lo sumo tres semanas, se pondrá en marcha con el plan de producir un millón de toneladas de pasta de celulosa por año, transportarla unas decenas de kilómetros hacia el sur, a su flamante terminal en Nueva Palmira, y despacharla en barcos hacia Europa. Para ello, el emprendimiento pastero utilizará la segunda de las tres tecnologías para el blanqueo de la pasta de celulosa. Es decir, ni la más destructiva –cloro elemental, como Celulosa Argentina sobre el río Paraná– ni la más benévola –agua oxigenada, como el plan que presentó Greenpeace tanto a Botnia como al gobierno uruguayo–. Esta última representaba una inversión mayor por parte de la finlandesa, cosa que no estuvo dispuesta a conceder. Con todo, ayer por primera vez desde el pasado 20 de noviembre –fecha en que el Banco Mundial concedió un crédito clave al emprendimiento finlandés– se franqueó el impasable bloqueo a la altura de Arroyo Verde, en el acceso al puente internacional, y fue para una nueva demostración de repudio a Botnia. Ante ello, el Ministerio del Interior de Uruguay desplegó un dispositivo de seguridad que incluyó, además de efectivos de la Aduana y de la Policía de Río Negro, agentes de Montevideo y departamentos vecinos. Todos ellos estuvieron apostados en tres cordones sucesivos de seguridad: los dos primeros dedicados al control de documentación y a la confiscación de eventuales objetos considerados peligrosos como banderas con inscripciones, pancartas y remeras con la leyenda “He dicho NO” o “Fuera Botnia”, que los asambleístas tomaron como una provocación y una medida desmesurada. De igual modo siguieron adelante, donde un tercer cordón de seguridad permaneció apostado en las cercanías de la planta, infranqueable: la “zona de exclusión” desplegada a 2.000 metros a la redonda de la emblemática chimenea que se alza a pocas decenas de metros de la costa oriental de río Uruguay. También había otro cordón: en Fray Bentos, muchos vecinos aprovecharon para desplegar banderas uruguayas en señal de rechazo a la protesta ambientalista. “Todo esto es una provocación, pero no vamos a responder, porque somos respetuosos y siempre nos hemos manifestado de manera pacífica, pese a las constantes agresiones de Botnia y del gobierno uruguayo”, indicó Juan Ferrari, miembro de la Asamblea y dirigente agrario de Gualeguaychú. Acción para salvar la selva de yungas en Salta Cerca de un centenar de vecinos de la ciudad salteña de Orán y ambientalistas de Greenpeace bloquearon ayer el acceso de un camión con caña de azúcar proveniente del desmonte de más de mil hectáreas de selva de yungas a una explotación privada. Los manifestantes hicieron una sentada en la entrada principal de la finca Abra Grande y Abra Chica, sobre la ruta provincial 18, que abarca parte de la zona protegida por la Unesco y cuya destrucción parece inminente: el gobierno provincial de Juan Carlos Romero autorizó el desmonte de 1.670 hectáreas de selva para incorporarlas a la “actividad productiva”. “Esta es la primera acción directa para impedir el desmonte de la reserva de biósfera. Si el gobierno provincial sigue rematando los bosques nativos vamos a intervenir en el terreno para frenar el avance de las topadoras”, sostuvo Noemí Cruz, coordinadora de la Campaña de Bosques de Greenpeace. La organización ecologista explicó que en los últimos siete meses Salta convocó a audiencias públicas para autorizar el desmonte de 200.000 hectáreas, “lo que equivale a 10 veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires”. “La autorización de este desmonte dentro de la Reserva Mundial de la Biósfera implica el incumplimiento de acuerdos internacionales, y es una grave amenaza para la rica biodiversidad de la región. Por eso es imprescindible que el Senado de la Nación apruebe de manera urgente la ley de bosques”, agregó Cruz. Greenpeace junto a varias organizaciones ecologistas está recolectando firmas por la ley de bosques. Las adhesiones, que ya superan las 400 mil, se reciben en www.greenpeace.org.ar/leydebosques. Emergencia forestal Los últimos datos de la Secretaría de Ambiente de la Nación revelan que la Argentina se encuentra en una “emergencia forestal”: entre 1998 y 2002 desaparecieron 781.930 hectáreas, “pero en los últimos cuatro años el proceso se acentuó y los desmontes arrasaron con más de un millón”, dice el documento que se conoció en la víspera. La mayor aceleración de los desmontes ocurre en la provincia de Salta, donde la desaparición de masa boscosa durante estos últimos cuatro años alcanzó las 414.934 hectáreas. Allí está la Selva de Yungas, el sitio de mayor riqueza genética de la Argentina junto a la Selva Misionera.

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