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River 3 - Racing 3: Huevos y juego

El Millonario y la Academia pusieron como locos y armaron un clásico de locos. Merecieron ganar los dos, pero es imposible cuando fallan tanto y tan seguido atrás. Hay un nuevo River ante cada manotazo de Simeone, puro en su ambición pero imperfecto en sus formas. Hay un nuevo Racing, asentado en su precariedad pero consciente de su lucha con Llop al borde de un ataque de pelos. Y nada es casualidad. Buonanotte no puede faltar en River más allá de rotaciones y prevenciones. Sin brillar, le hicieron el foul de su gol, tiró el centro en el empate y preocupó en cada arranque. En un River que se reinventa en cada partido, el Enano le da algo que ningún otro jugador tiene en el plantel: cierta pausa ante tanto frenesí. Moralez es un muy buen jugador, también en envase mini, que aprovechó un piso rápido, sacó a bailar a medio River (Gerlo fue su mejor compañía) e hizo jugar a todo Racing. Inteligente, fue Moralazo porque buscó los espacios donde mejor desnivelar y por eso lamentó como ninguno la salida de Paco. Quiroga es un zaguero con experiencia que fue de Selección, pero tratando de rechazar así sólo puede competir con Heinze. ¿Cómo puede ser que haya intentado sacarla de chilena? ¿Dónde quiso rechazar la pelota? El equipo campeón del Clausura levantó la bandera de la invulnerabilidad, con Quirogueadas como ésta la vulnerabilidad se potencia. Ojo que el ex Wolfsburgo no está solo: sus compañeros del fondo actúan en consecuencia. Martínez Gullotta se enojó con él mismo incluso antes del gol de Buonanotte. La obvia misión de cualquier arquero es atajar, aunque hay algo que no se ve pero se advierte y es cuando el que está en el arco transmite seguridad. Ayer, Wally no generó esa sensación. A River el punto no le sirve porque sigue hundido en la tabla y en la búsqueda permanente de su deber ser. A Racing el punto le puede caer mejor, pero se va a lamentar el partido que se le escapó de las manos y que casi pierde. Fue un partidazo, con el aliado que siempre es el agua para agilizar jugadas, dinamizar el juego y darle espectacularidad a situaciones que en campo seco podrían ser normales. Debieron ganar los dos por lo que brindaron. No lo ganó River porque esta vez su propia lotería le cantó empate. En ese ir como sea, River cae en los tentáculos de la fortuna. Llega 15 veces y le llegan otras 15. Desnivela y lo desnivelan. Cambia de esquemas sin encontrar uno definido... No lo ganó Racing por las fallas de su arquero y cierta inmadurez para manejar momentos. Fue muy bueno lo que hizo por las bandas con Leandro González (jugó un primer tiempo de Selección) y Lucero, y el esfuerzo general. Le faltó darle el golpe de gracia a un rival herido y que el paraguayo Cáceres fuera lo confiable que generalmente es en el juego aéreo (perdió en los goles de Salcedo y Quiroga). Y cuando todavía el huevo le da vueltas al juego, River y Racing armaron uno de los mejores partidos del campeonato. Para que eso se produzca, tiene que pasar lo que pasó en el Monumental: pusieron como locos y jugaron un partido de locos.
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