Distanciamiento 18 de junio 2020
Actualidad | relaciones sexuales | Sexo

Sexo: Por qué no podemos dejar que los roles nos definan

Todos los seres humanos poseemos circuitos subcorticales para el dominio y la sumisión sexual. ¿Dominantes o sumisas?

En un artículo reciente titulado ¿Dominación o sumisión? La paradoja del poder en las relaciones sexuales publicado en el medio especializado Psychology Today, el psicólogo Ph.D Leon F. Seltzer explica que todos los seres humanos –junto a varias otras especies de mamíferos– poseemos circuitos subcorticales para el dominio y la sumisión sexual. Es decir, todos tenemos una posible tendencia, a nivel cerebral, hacia ambos roles. Y es que los dos tipos de circuitos, además, están conectados al circuito cerebral del placer, también llamado circuito mesocorticolímbico, conformado por las regiones cerebrales en las que se producen los niveles más altos de dopamina.

El especialista también da cuenta –respaldándose en la investigación A Billion Wicked Thoughts: What the Internet Tells Us About Sexual Relationships de los neurólogos Ogi Ogas y Sai Gaddam– de que la mayoría de las mujeres tienen una relación compleja con su deseo de ser dominantes o sumisas, una mucho más problemática que la que suelen experimentar los hombres. Si a esto le sumamos que la discusión respecto a cómo se es en la intimidad, en contraposición a cómo se es en la esfera pública, como si se tratara de una dicotomía absoluta, es una discusión que se ha vuelto habitual, poniendo en riesgo de que la pregunta por estos roles arrastre una categorización fija.

Te puede interesar: Sexo en tiempos de pandemia

Como explica la psicóloga y terapeuta de parejas especializada en sexualidad, Daniela Werner, el hecho de que se hable de dos roles opuestos y polarizados cuando se habla de sexo tiene que ver con el tipo de sociedad que hemos construido. “Asociamos a la persona dominante a una que tiene poder, que hace escuchar su voz y controla la situación. Versus el o la sumisa que es quién acata a las normas, quien no cuestiona y hace. Ambas, en definitiva, dan cuenta de una dinámica de poder, de un uno sobre el otro. Pero eso habla de la forma en la que nos relacionamos en una sociedad regida por la competencia. No así en sociedades o comunidades colaborativas, en las que no hay jerarquías verticales, sino que más bien una horizontalidad”.

Aun así, la especialista explica que las relaciones sexuales dan paso a un espacio en el que se muestran ciertas vulnerabilidades y fragilidades, y en eso es muy importante estar abiertos a la espontaneidad propia de ese contexto. “Los humanos somos complejos, tenemos distintas áreas y no todas son consistentes entre sí ni tendrían por qué serlo”. Por lo mismo, alguien que puede ser independiente, empoderado o autónomo hacia fuera, puede querer mostrar mayores necesidades emocionales o jugar al rol del sumiso en la intimidad. Y eso, como explica la especialista, no tiene por qué ser concebido como algo negativo.

La psicóloga y terapeuta de parejas, Macarena Araos, agrega que los seres humanos tendemos a encasillar y categorizar para poder asimilar y ordenar. Pero el riesgo está en que ese orden se vuelva rígido. “Si categorizamos de una manera en la que esa categoría pasa a ser inamovible, dejamos fuera muchas posibilidades. En ese sentido, si alguien es resuelto –es decir, que es segura o seguro de sí mismo y sabe lo que quiere–, ¿por qué sería incoherente que quiera ser sumisa o sumiso en su sexualidad? Mientras sea consensuado y conversado, si quiere cambiar de rol entre su lado público y su intimidad, no debiese ser algo contradictorio. Cuando se vuelve crónico un rol, ahí es cuando empieza la incomodidad”.

FUENTE: Emiliana Pariente y Collage: Sofía Valenzuela / latercera
Salud y  Movimiento

Dejá tu comentario