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Sinceramente y Cristina, en el centro del ring

Un día y desde el llano volvieron las cadenas nacionales, con el suceso editorial más significativo, me arriesgaría a decir, de la historia del libro en el país. El que se ha visto totalmente superado por el anuncio de la fórmula presidencial Alberto Fernández-Cristina Fernández, el que para ningún argentino ha pasado desapercibido.

Se podrá estar a favor o en contra, amarla u odiarla visceralmente, adularla o agraviarla profundamente, pero la ex presidenta tiene un centralidad, un protagonismo y un acompañamiento social, que pocos políticos pueden exhibir en nuestra historia.

Y a todo ello, le ha sumado una generosidad impensada en los tiempos actuales, donde cada uno se siente con la pinta de Carlos Gardel y se pone por delante de todos y de todo, aunque la Patria languidezca.

En su absoluta soledad del poder, el presidente, debe sentir envidia y se habrá comparado con pesadumbre, con esa mujer que a pesar del desgaste propio de 8 años de gobierno, las persecuciones mediáticas y judiciales y los ataques constantes a los largo de 40 meses, sigue conservando el fervor popular y esperanzas sin límites, más allá de que relegue su merecido lugar, gane o no las próximas elecciones.

Pese a todo, en los tiempos venideros, para bien o para mal de tantos, Cristina es parte de los grandes fenómenos de la historia nacional y esos hechos no lo determinan ni la academia, ni la publicidad o la mercadotecnia, sino las pasiones, el sentir popular y su mirada desprendida sobre el futuro de la patria.

El ex presidente LULA está preso, pero sigue siendo LULA, el obrero metalúrgico que sacó a millones de brasileros de la pobreza y les dio un esperanza.

Macri y su elenco estable de estafadores políticos, llevarán una cruz o un karma de por vida para desentrañar el secreto de una pasión que se renueva día a día, sin ninguna explicación racional, y que condensa los mismos odios que en su momento cosecharon Yrigoyen, Perón, Evita, o Alfonsín.

Ya sé, no me diga nada, alegarán que al libro se lo escribieron otros, que la gente que la sigue es arrastrada como un burro con una zanahoria adelante, o que la maniobra electoral es una artilugio para gobernar desde las sombras.

Insisto, Cristina, menos indiferencia, genera todos los sentimientos y hasta sus más acérrimos opositores se ven sacudidos por la publicación y por el anuncio reciente, por lo que tratarán de desacreditarla, de cualquier forma.

Los comentaristas pautadependientes y afines al libreto oficial, han manifestado que el libro es revanchista, poco profundo, cargado de odio, venganza y en que la ex presidenta se muestra tal cual es. Como si mostrarse como es, en estos tiempos de neoliberalismo, fuera casi un delito.

Si alguno hizo zapping por los canales del periodismo de guerra, podrá ver las caras desencajadas de periodistas y comentaristas que se precian de serios, en el que su frustración, resentimiento y malestar les sale por los ojos.

El fracaso de la conspiración mediática, política y judicial más grande de que se tenga memoria en el país, sólo ha hecho que Cristina se reinvente a sí misma y aumente la consideración social.

Seguro, muchos de aquellos con los que compartíamos en otros tiempos ilusiones políticas, al leer estas líneas, dirán o murmurarán sobre mí: Qué pasa se hizo kirchnerista, peronista o populista (palabra de moda para desacreditar)?

A ellos, les digo con palabras de Leandro Alem: “No soy yo quien ha variado de rumbos, no soy yo quien arroja a los vientos, en jirones, la bandera a cuya sombra hemos formado todos nuestra personalidad política y a cuyo título conducíamos las vigorosas legiones del partido, a la lucha constante, y al sacrificio muchas veces.”

“Y dígase lo que se quiera por los que siempre tratan de disculpar y defender los procedimien­tos inexplicables de los poderosos, no ha sido una de esas nomenclaturas caprichosas que sue­len darse los círculos políticos militantes como divisa de combate, ha sido una verdadera bande­ra en cuya blanca faja estaba inscrita la idea democrática, que inspiraba a sus hombres un verdadero programa que envolvía princi­pios y tendencias diametralmente opuestas a las que combatimos.”

Termino el presente con palabras de Cristina, a las que adhiero fervorosamente, cuando en su presentación dijo: “Yo no creo en los neutrales, se habrán dado cuenta. Creo que para neutrales están los suizos. Los argentinos no somos neutrales y, bueno, yo no soy neutral, no lo fui nunca ni lo quiero ser ni lo voy a ser.”

Y agrego, como en la canción infantil sobre las buenas mozas, porque los neutrales se echan a perder.

Ricardo Luis Mascheroni – Docente

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