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Una olla a presión que no permite moderaciones

El mensaje de Fernández pidiendo calma resultó en una marcación de cancha de y para cada uno de los sectores. Todos y cada uno, en medio de las presiones intentan llegar al 10 de diciembre de la mejor manera

Las consecuencias de la relación de fuerzas que quedaron expresadas en las PASO intenta trasladarse a las calles. Primero una – escasa- manifestación a favor del presidente Macri con una consigna, a favor de la República, equivocada. Después la respuesta de los movimientos sociales que había anticipado la incontinencia verbal de Juan Grabois

Pero las nuevas manifestaciones y el endurecimiento de la protesta social, reclamando alimentos y mejora en los planes, encuentra a una administración que se está quedando sin respuestas políticas, arrinconada y sin poder.

Las manifestaciones, además, se producen en el distrito más importante, CABA, que el oficialismo aspira a retener de la mano de Rodríguez Larreta. Tras las PASO, la capital del país se convirtió en el único reducto importante que conservó Juntos por el Cambio.

Claramente la situación social y política se ha tensado al compás del deterioro ostensible de la situación económica y las desconfianzas de los mercados y el propio FMI basados en el vacío de poder que se genera de tener un presidente al que no acompañan los votos y un candidato a presidente tiene el aval popular, pero no es un presidente electo.

Esta presión, entonces, apunta en principio contra Macri y Larreta, pero también busca marcarle la cancha a Alberto Fernández, si es que éste triunfa en octubre, sabe que tendrá la carga de dialogar con los movimientos sociales. De esta manera la agenda de la próxima administración está plagada de urgencias, no de tiempos ni moderaciones, que ojalá pueda manejar

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