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Wado De Pedro: el camporista pragmático en quien todos confían

"Soy un matador de novelas", dice Eduardo De Pedro. Wado, como le dicen propios, ajenos y desconocidos, sonríe cuando lo presentan como "el monje negro" del Gobierno. "Sobreestiman mi rol, sirve al cuentito que algunos quieren vender", refuerza el ministro del Interior en un breve diálogo con LA NACION en la oficina que ocupa su equipo de comunicación en la planta baja de la Casa Rosada, bautizada como "la remisería"por la cantidad de gente que circula durante todo el día.

A tres días de cumplir 44 años, el ministro político, uno de los pocos funcionarios de primera línea en gozar de la extrema confianza de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, se convirtió en uno de los pilares de la administración del Gobierno. Hablar con Wado, según aseguran gobernadores, intendentes y empresarios, es garantía de resolución de conflictos y problemas.

Su red de trabajo abarca a mandatarios provinciales, hombres y mujeres de negocios, jueces, jefes comunales y dirigentes de la oposición. Es desde ese lugar y con la preeminencia que le da su relación con dos principales líderes del Frente de Todos, que se consolidó como el negociador político del Gobierno. "¿Monje Negro? ¡No! En todo caso, un monje blanco", replica, con audacia y en tono de broma, un estrecho colaborador de De Pedro.

Ese perfil cuenta con una característica adicional: el ministro se transformó en el contrapeso entre la Casa Rosada y el Instituto Patria, una especie de garante de la unidad del Frente de Todos. Como un equilibrista, Wado manda mensajes para apaciguar los conflictos entre ambas terminales de poder. Cerca del ministro desestiman ese rol. Para él, según advierten, el Presidente y la Vicepresidenta tienen la misma visión de país.

"Hace falta articulación. Las peleas no conducen", concede De Pedro, que, desde la creación de La Cámpora hace 13 años, es uno de los jefes de la agrupación junto a su amigo Máximo Kirchner. De bajísimo perfil y tímido, Wado evita la exposición. "A mis interlocutores les genera confianza que no diga por los medios lo que hago", justifica su lejanía de los medios de comunicación.

Esa "articulación" incluye a los principales hombres y mujeres de negocios del país. Desde hace meses trabaja en silencio para tender un puente entre los empresarios y el kirchnerismo, una relación que está dominada por la desconfianza. En ese tiempo ya se reunió con Miguel Acevedo (UIA), Luis Betnaza (Techint), Roberto Urquía (AGD), Miguel Ángel Rodríguez (Sinteplast), Iván Szczech (Cámara de la Construcción), Jorge Brito (Macro), Marcos Bulgheroni (Pan American Energy) y Marcelo Mindlin (Pampa Energía), entre otros.

El planteo es siempre el mismo. Wado los escucha y después les pregunta a todos lo mismo. La respuesta, según cuenta un testigo de estos encuentros a los que también asisten Máximo Kirchner -a quien reconoce como uno de los arquitectos de la construcción del Frente de Todos- y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, es siempre la misma: "Nadie dice que no a un país normal", confían cerca del ministro.

El diagnóstico que hace sobre la situación social y económica que debe administrar el Gobierno es grave. De Pedro lo reconoce en las charlas privadas. "Todo está distorsionado hay que encauzar la cosa", suele repetir en cada una de esas conversaciones. Wado suele decir que al "poder económico le sirve un poder político débil", es por eso que una de sus obsesiones es que los partidos políticos se fortalezcan.

Eso denota lo que expresa un mandatario opositor que trata con él a menudo: "Wado es un cuadro fuertemente ideologizado, pero logra dejar su ideología detrás y exhibirse como un pragmático". Es la fracción moderada del ala más pura del kirchnerismo, la que encarnan Máximo y Cristina. Comparte con ellos un claro proyecto político para la llegada del camporismo a lo más alto del poder.

"Siempre busca el equilibrio y resuelve", dice a LA NACION el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. "Lo llamas y te atiende siempre. Me sorprendió, es una persona muy racional", agrega el mandatario provincial. Desde el peronismo la mirada es similar. "Es un gran ministro del Interior", describe el sanjuanino Sergio Uñac, que el viernes estuvo en la Casa Rosada.

Desde que asumió como responsable de Interior fijó con claridad cuál sería su impronta. "Se acabó el ministerio de la rosca", le dijo a su equipo, que sufre su bajísimo nivel de exposición. Un cambio radical para el ministerio político del gabinete. "Si veo una tasa que diga ´reivindico la rosca´ dejo la política", le avisó a su tropa. La comparación con el tándem Rogelio Frigerio y Emilio Monzó quedó expuesto para todos.

Su trabajo está centrado en la construcción política y relación con los gobernadores. Desde hace dos meses trabaja con los mandatarios provinciales en un plan a largo plazo de desarrollo federal. Se trata de un programa de obras de infraestructura como hidrovías y corredores bioceánicos.

Por su perfil, desde que fundaron La Cámpora, Máximo Kirchner siempre delegó en Wado la responsabilidad de construir relaciones con otros espacios políticos y la Justicia. Como contó LA NACION días antes de que se ponga el traje de ministro del Interior, junto con Raúl Pérez, el "alter ego" político de Massa, diseñaron a fines de 2018 el plan que le permitió al peronismo arrebatarle a Cambiemos una silla en el Consejo de la Magistratura. Esa jugada, un hito en la construcción del Frente de Todos, catapultó sus acciones en el nuevo armado.

Desde hace tiempo que Wado habla de forma directa con jueces. Pero a partir del triunfo de Alberto Fernández sumó poder al colocar como representante del Poder Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura a Gerónimo Ustarroz, su primo y hermano de crianza. Hijo de dos dirigentes peronistas desaparecidos, Enrique De Pedro y Lucila Revora, Wado se crió en Mercedes, con sus tíos maternos y sus primos.

"No es un operador clásico. Es un buen tipo, se puede hablar con él y respeta lo que se habla", lo describe un exfuncionario de Juntos por el Cambio de buenas relaciones con la Justicia.

No le gusta que le digan Eduardo, menos ministro. "Wado, soy Wado", se pasó las primeras semanas desde que desembarcó en Balcarce 50 respondiendo ante cada saludo protocolar. Tanto es así que la comunicación oficial del ministerio no sale el nombre, sino que aparece siempre como Wado de Pedro.

"Está muy contento y tranquilo con el trabajo que está haciendo", explica un dirigente que lo conoce desde hace años. Ese estado también se solidificó por la relación que construyó con el Presidente los últimos años.

Esa confianza con el Presidente se vio reflejada el 19 de octubre. Wado había comenzado una videoconferencia con 160 intendentes de todo el país desde la quinta presidencial de Olivos. Apenas comenzó un mensaje cambió todo y lo sacó de eje. Su esposa había comenzado el trabajo de parto. Fue en ese instante que le escribió al Presidente que lo necesitaba. Segundos después, Alberto Fernández se sentó, le hizo un guiño y se hizo cargo.

Como no tenía nada preparado, el jefe del Estado habilitó los micrófonos de todos los jefes comunales. "¡Hola a todos! Los escucho", les dijo abriendo sus manos, lo que provocó una catarata de pedidos desordenados y la desesperación del equipo de comunicación de Presidencia que no podían contener a los intendentes. Mientras tanto, su ministro de Interior salía a toda velocidad de la residencia para recibir a su hija.

Desde que se conocen solo una vez el Presidente se "enojó" con su ministro. Fue días antes de que Cristina Kirchner le ofreciera encabezar la fórmula. Es que en una reunión con Wado, unos días antes, Fernández le pidió que le lleve a Cristina su deseo de ser embajador ante España. Con la candidatura a presidente oficializada, Alberto recordó esa conversación y le escribió: "Como operador no servís, no te mandó más".

FUENTE: Por Santiago Dapelo para La Nación
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